PALABRAS CARDIACAS | misitio-1

Palabras cardiacas

Por Miguel de la Cruz

Necesitamos tanto de la palabra para comunicarnos, como del aire para respirar.

Un elemento de vida inventado para facilitarla y aun utilizado siempre, sin el reconocimiento justo.

Si hubiera consciencia del valor de la palabra, quizá más de un símbolo estaría dedicado a recordar su poderosa utilidad, un monumento a la palabra, un día dedicado a la palabra, una plaza de La palabra… pero no, parece que las palabras están por lo que hacen sin que nadie ahonde en lo que son.

Y cabe aclarar que hacer y ser no es lo mismo, si lo fuera, nada costaría definir con contundencia que es la palabra, pero mas allá de enumerar lo evidente, quien tendría los arrestos -obvio sin ser especialista- para revelar que es, de donde viene, quien la inventó y de qué diablos hablamos cuando hablamos de palabras.

No es posible pero hagamos como si lo fuera, una regresión “imaginosa”. Lo se. La palabra entrecomillada no existe pero…en claro afán de motivar la voluntad por el entendimiento, habré de dejarla escrita, como testimonio del poder de la palabra para hacerse entender en medio de sus circunstancias.

Hagamos, repito, con mas imaginación que memoria, como si mentalmente visualizaramos nuestra existencia a unas semanas de nacidos. Del entorno, recibimos atenciones, nos hablan, nos alimentan, nos abrazan, actitudes antes que palabras, habremos de interpretar como maneras buenas para hacernos sentir bien. 

Probablemente entonces, ante tanto bien hacer hacia nosotros, haga surgir la necesidad de decir lo que sentimos y entender lo que nos dicen, necesidad en aumento de tanto tratarnos bien y hacernos sentir mejor, hasta que la memoria nos auxilia para depositar ahí los sonidos que corresponden al trato.

El buen trato como síntoma de un sentimiento bueno, ha de ser un aliciente para imitar a los que nos hacen bien y repetir -al principio, al menos intentar el sonido que producen entre los labios.

 

Una necesidad emocional o sentimental de responder a las actitudes de otros de manera clara, nos motiva a aprender las palabras. 

Así el aprendizaje del lenguaje se convierte en un rotundo ejemplo de un proceso cultural que satisface la necesidad de entendimiento entre seres humanos. Un proceso que nunca para y se perfecciona, al grado de dominarlo, hablado, escrito y escuchado.

En el origen, el cúmulo de palabras que forman nuestro lenguaje se logra por la vía del sentimiento. Cuando alguien intenta aprender otro idioma sin lograrlo, quizá requiera probar los recursos del sentimiento.

Satisface pensar en el arraigo sentimental necesario para generar algo tan poderoso como el lenguaje.

Así resulta que lo que suena entre los labios comienza indudablemente en la fuerza del corazón.

Palabras cardiacas. 

Contacta a Miguel de la Cruz:  migueldelacruzcultura.com

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