GERONTOFOBIA | misitio-1

                                                              Gerontofobia

Por Javier Robles

 

No es ningún secreto para nadie que el mundo está envejeciendo. Puede ser una realidad de la que no todos tenemos conciencia o que pretendemos ignorar como otras tantas realidades de nuestro tiempo, pero es una realidad a la vista de todos. Cualquiera puede consultar las estadísticas de la composición social por edades y la progresión de las mismas en el futuro cercano. Es más, en la mayoría de los países basta con mirar cada uno en nuestras casas o salir a la calle. A pesar de su invisibilidad social, los viejos están aquí.

Nunca antes en la historia del mundo hubo tantos viejos ni tantos viejos tan viejos. Esta realidad magnifica el problema hasta tal punto que muchos sociólogos lo comparan al generado por el calentamiento global.

En general se envejece con la visión de la vejez de otros tiempos.  Mientras las mujeres del siglo XXI , por ejemplo, tienen una imagen y una participación social que en nada se parece a la de sus abuelas ( por suerte y aunque no todo se haya conseguido aún) , los viejos del mismo siglo XXI envejecen realmente – sin desconocer algunos logros sobre todo en el plano asistencial – de manera bastante similar a sus abuelos.

 

Las razones por las que la vejez fue valorada o menospreciada antes no sirven o al menos no son suficientes para los nuevos viejos en un mundo totalmente distinto. La vejez plantea unos problemas económicos, asistenciales, tecnológicos, morales, y de toda índole antes inexistentes.

Incluso algunos valores antes reconocidos, algunos materiales como la propiedad del patrimonio y otros no materiales como la experiencia, los conocimientos, la influencia por sus relaciones, o una autoridad moral, entre otros, ahora no son apreciados o mejor dicho, son despreciados. Es necesario reivindicarlos en las circunstancias y los medios actuales. La vejez no será dignificada sin que lo hagan los viejos nuevos de los nuevos tiempos.

En un mundo mercantilista los viejos parecerían un producto más que no se contabiliza  en el “haber “ sino en el “debe” como una carga que hay que asumir a regañadientes o lastrar en lo posible. Un producto que como en una ley del mercado pierde valor cuanto más abundante es y son muchos los viejos. El valor basado en los viejos como una excepción escasa se ha perdido..

Si además el estereotipo y el prejuicio los descalifica por pasivos, inútiles, improductivos, negados a los cambios , incapaces de aprender o de renovarse y otras lindezas en un mundo donde los valores parecen ser los contrarios y exclusivos de la juventud, la percepción de ser casi un estorbo y una carga parece confirmarse.

El número, la cantidad en la composición de la pirámide poblacional de los viejos lo cambia todo. Esto  hará que más tarde o más temprano la masa de personas mayores excluidas de una participación social y discriminados por edad se conviertan en el “poder gris” muchas veces mencionado y consigan un empoderamiento real, explícito y efectivo. Una percepción cada vez más latente con el arribo a la vejez de generaciones más preparadas y más  críticas. Las generaciones que empujaron los grandes cambios sociales en los años 60. Y esto supondrá una verdadera revolución social pacífica pero inevitable hacia un nuevo modelo de vejez mejor  para todos . Los que son y los que serán.

Una revolución no exenta de problemas y  resistencia de las otras generaciones pero necesaria. Y las primeras escaramuzas de gerontofobia  han surgido en forma  en Europa hace poco más  de un mes.

En Gran Bretaña hubo un referéndum denominado Brexit para decidir si permanecían o salían de la Unión Europea y en España unas elecciones generales para formar un nuevo gobierno en el que la decisión estaba entre la izquierda ( más liberal) o los partidos de derecha ( más conservadores). En ambos casos pareció ganar la opción más conservadora. Y aquí surgieron las voces gerontofóbicas.

Desde las posiciones más jóvenes y en teoría más liberales se oyeron las declaraciones de los políticos que perdieron:

“Hay que prohibir votar a los mayores de 55 años. Prohibir votar a los malditos viejos que no piensan en los jóvenes”.

“ No es posible que tenga el mismo derecho al voto una persona que le quedan 15 segundos de vida que a quien le queda toda la vida por delante”.

“ Muchos deseamos la muerte de los viejos como la única manera de conseguir el poder , porque son muchos y su voto se inclina por el conservadurismo”

Esto no parece real en el siglo XXI pero lo es. Y por supuesto no representa a la mayoría pero es un síntoma preocupante. Puede ser sólo una anécdota o tal vez el inicio de algo que debería preocuparnos seriamente.

Y de nuevo el número es la diferencia. No envejecen los individuos como cuando los viejos eran escasos. Envejecen las sociedades, las naciones, las culturas y con ellas  se imponen los valores  dominantes que presumiblemente se atribuyen a los viejos: conformismo conservador, cero iniciativa, seguridad por encima de todo y no cambios, nula creatividad e innovación. Marx ya dijo : la cultura dominante es la de la clase dominante.

Las preguntas son : ¿ Estas afirmaciones sobre la vejez se basan en la realidad o son sólo prejuicios?.  ¿ La sociedad basada en esta idea de los viejos qué futuro tiene?¿ Los nuevos viejos pueden romper esta idea y modificar el envejecimiento futuro?

Tendríamos que recordar que los que más se oponían al voto de la mujer fueron también liberales del siglo pasado que basados en los prejuicios de género consideraban que el voto de la mujer se inclinaría a opciones más conservadoras y más clericales como correspondía a lo que suponían el pensamiento y la manera de ser. Hoy en día este error de juicio es evidente.

Los más jóvenes que hoy piensan y hablan así no son conscientes de que son los viejos del corto plazo en una sociedad aún más envejecida que, de no cambiar, aumentará los prejuicios y la discriminación sobre ellos, viejos del futuro cercano.

Se puede ser liberal sin ser joven. Lo que no se puede es considerarse liberal y ser discriminador al mismo tiempo. Ni se puede ser liberal cancelando el futuro propio y el de las generaciones que nos siguen. Y sobre todo , liberal o conservador, lo que no se puede ser es inconsciente y ciego a la realidad. Los nuevos viejos que revolucionaron el mundo en su juventud, lo harán de nuevo ahora en la vejez. De lo contrario el futuro será preocupante para todos. La vejez ya no es lo que era.

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