Estos amigos decidieron reunir su dinero para construir una villa común y envejecer juntos

En un gesto profundamente solidario estos amigos decidieron adquirir pequeñas unidades habitacionales y situarlas en un mismo lugar para continuar viviendo juntos, cultivando su amistad

En nuestro tiempo, la propiedad de una casa es una realidad cada vez menos asequible. A diferencia de otros momentos de la historia económica e inmobiliaria de un país, ahora comprar una cosa significa endeudarse por años y años, décadas enteras en las que una buena parte del dinero implícito en esas transacciones se traduce en dividendos para las instituciones bancarias. Como sucede en otros ámbitos, también en los bienes raíces la deuda es parte del combustible que mantiene a flote al sistema financiero contemporáneo.

Esa puede ser la realidad, pero no menos cierto es que no es la única posible. Y así lo demuestra el ejemplo de estos amigos que ante el panorama inmobiliario de Estados Unidos, favorable sólo para los bancos, optaron por una solución colectiva: reunieron el dinero que tenían disponible para adquirir una casa propia y compraron cabinas diseñadas por el arquitecto Matt Garcia, las cuales tienen un precio moderado porque son parcialmente autosustentables —cuentan con sistema de recolección de lluvia, paredes reflejantes que disipan el calor del verano, ventanas con aislamiento especial y pisos de madera contrapachada para mantener la temperatura adecuada sin necesidad de sistemas de calefacción.

En conjunto, las casas de estos amigos (que tienen más de 20 años de frecuentarse) forman una pequeña villa, cabría decir quizá una población que, mientras se conserve así, podría tomarse como un ejemplo exitoso de cómo la solidaridad y la cooperación bien pueden ser antídotos contra el tipo de relaciones que fomenta el capitalismo.

 

 Con información de Pijama Surf

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