EL NEGOCIO DE LA VEJEZ

Publicado el 9 de enero, 2017

Por: Fernando Trias de Bes Mingot | La Vanguardia

El aumento de la esperanza de vida y la longevidad se observa en detalles tales como la coexistencia de dos papas en Roma, dos reyes en España o que al príncipe heredero a la corona británica le falten dos años para cumplir los 70.

En el ámbito asistencial, se abre un desafío social y económico sin precedentes. La demanda de cuidados, salud y asistencia a ancianos aumentará como ningún otro mercado. Sin embargo, esta demanda tendrá una capacidad de compra muy limitada y unos recursos públicos menguantes.
Las residencias, centros de día y otras empresas de recursos asistenciales son un eslabón fundamental de esta cadena. En su sector, la regulación de precios y salarios restringe de tal modo la libertad que la innovación, la diversificación o la búsqueda de fuentes adicionales de ingresos quedan capados casi por completo. Excepto la innovación en costes o eficiencia, pocas opciones quedan a la función empresarial en este ámbito.

Es verdad que, en el ámbito asistencial, el peso de lo público, tanto en lo regulatorio como en lo financiero, debe ser distinto al de otros sectores. Sin embargo, las administraciones no pueden ignorar las tendencias macroeconómicas que convierten en obsoletos sus esquemas de regulación sectorial. Esta misma semana, el Gobierno admitía que a finales de 2017 se acabará el dinero reservado para pagar las pensiones.

Si el Estado del bienestar no puede, por sí solo, asegurar la calidad y la asistencia a toda la demanda, deberá dejar de pensar en términos macro para que sea la microeconomía quien busque alternativas. Deberá abrir la mano, confiar en la iniciativa privada y derivar sus funciones a otros ámbitos: a la supervisión; a que la libertad empresarial se mueva dentro de unos estándares determinados, y no tanto en la regulación de precios y costes.

La regulación de tarifas y de costes laborales en un sector donde el personal representa dos terceras partes de los costes totales provoca que la facturación no pueda aumentar y que los costes laborales no puedan adaptarse a lo que la demanda y oferta laboral podría ofrecer.

La irrupción de nuevos modelos de negocio está demostrando que conceptos tales como recurso o activo pueden adoptar formas totalmente disruptivas. Airbnb es la mayor cadena hotelera del mundo y no tiene ni una sola habitación en propiedad. Hay bodegas de vino donde los clientes envasan su propia marca y acuden a envasar, es decir, a trabajar, pagando por ello.

El mundo asistencial en el entorno de la vejez está expuesto a un sinnúmero de posibilidades: desde lo que familiares y allegados puedan realizar hasta creativas fórmulas donde activos y ahorros de los mayores puedan contribuir al sostenimiento de su propio cuidado.

La innovación en el sector asistencial es un asunto urgente. Y es paradójico porque la propia Administración es la que más se beneficiaría.

http://www.esade.edu/web/esp/about-esade/today/esade-opinion/viewelement/325381/1/el-negocio-de-la-vejez

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