UN SABIO LOCO | misitio-1

UN SABIO LOCO

   Por Gonzalo Basurto D.

 

Estimados compañeros, esta vez los invito a recordar un par de grandes viejos que aunque  ya pasaron muchos años del vencimiento de su tarjeta de circulación, (allá por el 1605), siguen siendo y estando vigentes, me refiero al gran escritor del Siglo de Oro Español Don Miguel de Cervantes Saavedra y su creación inmortal: el famoso Don Quijote de la Mancha.

Cuando Cervantes hace el Quijote, a los 58 años, ya acumulaba una gran experiencia como soldado, contador, novelista, poeta y dramaturgo. El promedio de vida de esa época era de 30 a 40 años, nos parece un poco exagerado, pero entonces a los 58 años el genial escritor era un soberano y respetable viejo lo mismo que su admirado personaje que contaba 50 años de edad. Don Miguel bien podría estar en la fila esperando inscribirse en el INAPAM y posteriormente caerle a la Pensión Alimentaria. Los dos con méritos suficientes, sean bienvenidos a nuestro club de adultos mayores.

Cervantes escribió una gran obra literaria, recordemos simplemente que sus famosos entremeses todavía son representados en nuestros días; pero la obra maestra de este hombre, la que trascendió en el tiempo y se convirtió en lectura obligada en las aulas escolares y fuera de ellas es sin duda su caballero andante, el muy famoso Don Quijote de la Mancha, novela que nace como de caballería, pero que ese concepto quedó muy atrás por su valioso contenido filosófico, social y moral.

Don Quijote era un hombre normal con gran pasión por las novelas de caballería y a causa de ello se le llenó el disco duro, es decir, perdió la cordura; se sintió todo un caballero medieval y con Sancho Panza, el escudero indispensable de todo buen caballero, salió a “desfacer entuertos”, a arreglar los problemas del mundo. Y así, el viejo y escuálido caballero andante, el de la Triste Figura, montado en su esquelético caballo Rocinante fue en busca de las aventuras, siempre con la noble y sabia locura de “socorrer y acudir a los miserables”. Contrario a su fiel escudero que representa la satisfacción material de las necesidades humanas, Don Quijote simboliza al hombre despojado del egoísmo inherente a nuestra condición, que ve más allá de lo que sus ojos le muestran y que con cuerpo débil pero con grandes ideales emprende su propia campaña para mejorar a sus semejantes.

Así pues, con el cerebrito lleno de nubes de loca fantasía arremete contra un molino de viento creyendo que se trata de gigantes enemigos que lo atacaban; no hay que mencionar lo golpeado y maltrecho que quedó nuestro personaje. En otro pasaje libera a unos hombres que los llevaban a servir de galeotes, estos mismos acaban apedreándolo ¡Ingrata humanidad¡ En otro momento imagina ver peligrosos enemigos en unos cueros de vino. A una campesina la convierte en su ama  y señora al estilo de los auténticos caballeros.  Hace un fantástico y hermoso viaje al espacio en el caballo Clavileño. En fin le ocurren toda clase de bienandanzas y, sobre todo, muchas desgracias, palizas y duelos perdidos, siempre tratando de ayudar al desvalido.

Queridos compañeros de experiencia acumulada: dos reflexiones me deja esta rapidísima mirada al Quijote, una, que no hay edad tardía para emprender proyectos de vida, todavía podemos hacer mucho y eso está en nuestras manos. No pensemos en ser ayudados, pensemos en servir y en ayudar al modo de nuestro valeroso personaje que desde sus páginas nos manda un mensaje de aliento y optimismo. La segunda reflexión es que esperemos a que un nuevo Don Quijote aparezca y arregle nuestros problemas; pero como eso es poco menos que imposible, entonces sugiero que nos quedemos sólo con la primera reflexión. ¡Salud Amigos!

 

Gonzalo Basurto D.

Contacto: gonzalo.bd41@gmail.com

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