USOS Y COSTUMBRES II | CUEM CDMX

USOS Y COSTUMBRES II

   Por Gonzalo Basurto D.

 

Queridos compañeros, galanes y bellezas de nuestro hermoso recuerdo, retomamos el tema de los usos y costumbres, ésos que nos tocaron practicar y nos formaron porque a pesar de su áspera envoltura contenían buenos hábitos y buenas maneras.

Hablemos un poco de lo que vivieron los hijos de nuestra querida generación, desde su punto de vista.  De la clase media para abajo la mayoría de los bebés nacían en casita, todavía circulaban las parteras a domicilio, con o sin estudio, pero con mucha experiencia. El IMSS se creó en el 1943 y el ISSSTE hasta el 59. No se inventaban todavía los pañales desechables, por eso en las casas donde lloraba un bebé, los tendederos ondeaban orgullosos sus blancas banderas de franela. Tampoco se expendían en las farmacias o grandes tiendas alimentos enlatados ni mil productos para bebé.  Estas y muchas otras  carencias empezaban a templar el carácter de los peques, los empezaban a educar.

La regla básica para los hijos, ya lo mencionamos anteriormente, consistía en el respeto y obediencia absolutos e irrestrictos que debían guardar a los padres. Una mala respuesta, como ejemplo, posiblemente podría hacerle ver al infractor estrellas y algún diente volador.

Con las personas mayores se tenía que ser respetuoso y amable; en la escuela, aplicados y cumplidores con las tareas, una queja del maestro traía serias consecuencias.

En aras del sagrado principio de la obediencia había que entrarle desde pequeños a toda clase recados y mandados, la entrega de los cambios era rigurosa e iniciadora del principio de la honestidad; ya mayores, los hijos e convertían en “ayudantes generales”,  listos para hacer o ayudar en los trabajos y talachas de la casa, mismos que eran debidamente revisados siendo también el inicio del hábito de la responsabilidad que habría de durar toda la vida. Fumar y tomar vino en casa, como en los cuentos de hadas: “nunca jamás”; hacer el amor en casa, jaja, impensable, sólo tomando todas, pero todas las precauciones del caso. Los jóvenes cuando empezaban a trabajar tenían que participar en el gasto de la casa, de ese baile nadie se escapaba, además se hacían cargo de sus propios gastos como el calzado, la ropa y  los egresos por concepto de novia o amigos.

Llegado el momento, cuando el galán quería ya vivir con su pareja, debía presentar la novia o novio a los padres para su aceptación, una vez lograda seguía  la pedida de mano por parte de los padres del novio, la fijación de la fecha del matrimonio, la realización de la boda, todo esto con sus plazos razonables y, sólo hasta entonces podían cantar: “al fin solos” y a ser felices para toda la vida. El divorcio no se contemplaba, era el plan Z de una relación, significaba una verdadera adversidad familiar; después de una madre soltera era la mayor desgracia familiar que podía suceder. Debo agregar que aunque los hijos hacían ya su propia vida, nunca se desentendían de los viejos, estaban siempre al pendiente para prestar su apoyo cuando era necesario.

En el ámbito social se inculcaban las formas para conducirse con corrección. Se saludaba cortésmente a los vecinos, siempre y cuando no hubiera alguna rencilla pendiente; se daban las gracias por favores recibidos y se pedían las cosas “por favor”; en el camión se cedía el asiento a las mujeres (las guapas primero) y a las personas mayores, también se les proporcionaba apoyo para subir o bajar del transporte; se ayudaba a atravesar la calle a ancianos y personas incapacitadas; al caminar por la acera con una mujer o persona mayor se le cedía el lado de la pared, por atención y seguridad. No quiero extralimitarme, sólo diré que se enseñaban muchas formas más para demostrar educación y buenas maneras a las personas con las que había que tratar.

Mi reconocimiento a los padres y madres de nuestra generación que con los pocos elementos que tuvieron a su alcance, (cero tecnología, sin pediatras, sicólogos y psiquiatras, nula o mínima información escrita, entre otras muchas limitantes), armados con sus tradiciones, usos y costumbres familiares lograron formar generaciones de buenos hombres y ciudadanos con valores morales y humanos, sin excesivos paternalismos, sin depresiones ni amarguras.

Y concluyo: estos usos y costumbres, estos valores que se cultivaban en el seno familiar, ¿habrán evolucionado favorablemente?, ¿se habrán degenerado?, ¿habrán desaparecido?, ¿tendrá esto que ver con la alta delincuencia de nuestra actualidad y la corrupción social que padecemos?, ¿tendrá que ver con los excesos de nuestra juventud? ¿Qué opinas tú, mi querido compañero de la GENERACIÓN PRIVILEGIADA?

 

Gonzalo Basurto D.

Contacto: gonzalo.bd41@gmail.com

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Ciudad de México.  

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