Adriana Luna Parra | misitio-1

Derecho a una Vida Digna

      Para Adriana Luna Parra.

 

     

 

       “Defender la Alegría durante toda la vida también es un Derecho”

                                                                                                                                                                                           Adriana Luna Parra.

 

Adriana, escribo este texto haciendo memoria de lo que tengo en el corazón, con lagrima y moco, con los sentimientos a flor de piel, con las palabras que tengo para trasmitir al público lector lo que siento por ti, cumpliendo con nuestro acuerdo de siempre hacer las cosas con pasión y con dignidad, con las acciones conectadas con los principios éticos, con amor propio y amor hacia las personas que siempre nos impulsan.

Adriana, me acuerdo cuando te conocí, en una revista para personas mayores, una entrevista que te hacían desde la institución que tu creaste, decía en la portada “Psicóloga, Luchadora Social, y Abuela Rebelde”,  me dije, a esta mujer con la mirada firme en la foto, la tengo que conocer, me llamo la atención tu actitud retadora ante tu situación de persona mayor y ante tu edad;  tus palabras y tus respuestas ante las preguntas del reportero, portentosas como siempre,  “¡sí soy vieja! Pero una vieja a todo dar, rebelde, con metas, luchona, participativa, estudiosa, que quiere un mejor país para sus nietos, que lee el periódico todas las mañanas”

Ella es la fundadora de la Universidad de la Vida, una institución que cumple con el propósito de transformar conciencias al darle la oportunidad a las personas mayores de cumplir, de realizar su mayor deseo al momento, vivir la vejez como se les “hinche su gana”, ese llamado tan poderoso, ese mensaje lleno de fuerza venía de una mujer que acuño un concepto tan poderoso como su mirada y sus palabras, la feminización de la vejez un término que nos enseñaba a valorar la vejez como un proceso en el ser humano que “consiste en atender este proceso con mirada de mujer, considerando la vulnerabilidad dada por la edad, pero sumada, o multiplicada, a la de género.” Una mirada transformadora hacia los conceptos que se tiene del envejecimiento y la vejez en nuestra sociedad, una mirada conceptual tan poderosa como la de tus ojos en la foto de aquella portada. Me acuerdo que me comuniqué para establecer un dialogo contigo para presentar mi proyecto, fue fácil acceder a una entrevista contigo, me acuerdo que me citaste en Calzada Legaria 373 lugar donde despachabas, yo iba como se dice vulgarmente “con los huevos en la garganta” pero no podía dar un paso atrás en mi propósito de conocer a la persona que en un futuro impulsaría mi carrera.

Fue una entrevista amena, llegaste agitada a la oficina donde me recibiste, diciéndome que estabas ocupada arreglando unos pendientes con unos alumnos, me acuerdo que fue un encuentro un poco penoso porque a primeras no utilizábamos los mismos términos, como siempre, tu experiencia fue arrolladora frente a mi falta de los términos correctos, me dijiste: “Miguel, hablar con el termino Adultos Mayores discrimina, y excluye a las personas mayores que son de género femenino” mi reacción fue inmediata con una sonrisa socarrona, pero ni modo, ya la había “cagado”, continúe con la presentación de un proyecto en puerta, otra revista para personas mayores, que a simple vista era muy rustica a comparación de la revista donde la conocí, también recuerdo que tus palabras fueron: “Cualquier proyecto que ayude a las personas mayores es bienvenido”  fue una reivindicación para mi esas palabras, ya estábamos en la misma sintonía, y las puertas se abrieron completamente desde ese momento, fue el comienzo de una aventura de lucha por los derechos de las personas mayores, de ahí en adelante fue una relación de amistad, de dialogo, de debate, de cumplir nuestros compromisos, ese fue al punto de fuga que detono lo que siempre me dijiste “Si lo vas a hacer, hazlo en grande”,

Adriana, tu eres la causante de muchas cosas en mi vida, tome el rumbo que me indicaste, sangre, sudor y lágrimas, pero me siento contento, satisfecho, orgulloso de haber optado un camino que tu habías trazado, “luchar, por el primer y ultimo derecho que tienen las personas, la dignidad, eso lo llevo como bandera, para que los retos venideros los tome con astucia como tú me lo demostraste, con palabras fuertes, carácter y “muchos calzones”.

El amor por tu país, por tu gente, tu familia, tu trabajo, tu profesión, lo llevo marcado, es una huella que me dejaste, creíste en mí, me abriste las puertas de tu casa, tu vida y tu corazón, asumo el compromiso y las tareas pendientes. Ahí está tu legado, tus raíces, tu semilla. Puedes contar con ello.

 

Dejas un mejor país para nosotros y te lo agradezco.  

 

Te adoro Adriana, tu espíritu libertador seguirá con nosotros.

Miguel Ángel Miranda Domínguez 

Foto: Revista SER MAYOR 

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Ciudad de México.  

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