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Semejanzas

“La historia de su ruina es simple y obvia, en lugar de preguntarnos por qué el Imperio Romano fue destruido, debemos, más bien, sorprendernos de que haya durado tanto tiempo. Las legiones victoriosas aprendieron los vicios de los extranjeros y mercenarios, primero oprimieron la libertad de la república y después violaron la majestuosidad de la púrpura. Los emperadores, deseosos de asegurar su seguridad personal y la paz pública, se limitaron a corromper la disciplina de la tropa… la potencia del gobierno militar se relajó y finalmente se disolvió”. 

   Por Rafael Álvarez Cordero

 

“El minuto de silencio es un insulto”.
 

“La crueldad, extorsión y corrupción oficiales crecieron, aumentó la extensión, complejidad y violencia del gobierno imperial, y al mismo tiempo los emperadores perdieron el control de sus territorios y la autoridad imperial quedó en manos de aquellos dispuestos a comprarla; mientras tanto, las familias senatoriales más ricas, exentas del pago de la mayoría de los impuestos, acapararon una parte cada vez mayor de la riqueza y los ingresos disponibles”.

Así escribió Edward Gibbon en uno de los muchos estudios y tratados sobre las causas y consecuencias de la caída del Imperio Romano* que cambió la faz del mundo conocido por muchos siglos; recuerdo que nuestro maestro de historia nos relataba pormenores del envilecimiento progresivo de todas las capas de la población, desde los emperadores, pasando por los senadores y altos funcionarios, los militares, hasta llegar a los pobladores del que llegó a ser el imperio más grande en su tiempo; todo se acabó hacia el año 476.

¿Cuál es la diferencia entre lo que ocurrió hace ya tantos siglos y lo que estamos viviendo en este México que tanto amamos?, ¿qué ocurrió en estos decenios que rompió el ritmo de progreso y crecimiento que tenía hace 50 años?, o ¿fue solamente un espejismo y nunca hemos encontrado el camino del desarrollo y de una verdadera democracia?

Yo no soy politólogo, ni pretendo serlo, pero cuando volteo para cualquier lado y para cualquier actividad me cuesta trabajo seguir siendo optimista como lo he sido toda mi vida.

Me cuesta trabajo saber que después de la mal llamada Revolución, como los últimos emperadores romanos, quienes se quedaron con poder lucharon entre sí, matándose con la mayor impudicia y que tras la aparente calma que trajo la Constitución de 1917 y la creación de un partido hegemónico, los principios y valores que estaban plasmados en sus primeras leyes fueron relegados, después ignorados y ahora violados con el mayor desparpajo por quienes tienen en sus manos las riendas del poder.

“Las familias senatoriales más ricas, exentas del pago de la mayoría de los impuestos, acapararon una parte cada vez mayor de la riqueza y los ingresos disponibles”, dice el texto de Gibbon, ¿cuál es la diferencia con lo que ahora vemos en todos los estratos del gobierno, gubernaturas, alcaldías y demás?

“Los emperadores, deseosos de asegurar su seguridad personal y la paz pública, se limitaron a corromper la disciplina de la tropa…”; cambie usted la palabra emperadores por funcionarios y verá que este texto puede ser escrito hoy en 2017.

Y, por supuesto, si seguimos haciendo comparaciones entre lo que ocurre hoy y lo que pasaba hace más de mil 500 años, vemos que la indolencia de los emperadores favoreció la impunidad y la corrupción, y que comarcas enteras sufrieron pobreza, hambre y devastación. ¿Qué nos ha pasado?, ¿por qué hemos permitido que el país llegue a ser tan pobre, tan lacerado, tan inseguro, tan triste?

Nos alienta saber que grupos de ciudadanos se alzan para exigir un cambio, un cambio verdadero, que se acabe la simulación, las componendas a todos los niveles, la corrupción que carcome todas las instituciones; algo ya se ha logrado cuando se fuerza a los legisladores a firmar la Ley 3 de 3, cuando se consigue tener ciudadanos respetables dentro del Sistema Nacional Anticorrupción, cuando Mexicanos contra la Corrupción publican a diario en los medios electrónicos los múltiples delitos cometidos por funcionarios de todo nivel, cuando se crea la iniciativa “Nosotrxs”, que afirma una verdad fundamental, “la democracia no la encarnan ellos, sino nosotros, porque las instituciones públicas son nuestras”.

Y usted, estimado lector, ¿ha pensado en adherirse a alguno de los cada vez más numerosos grupos que exigen que la vida de México sea otra, que se acabe la impunidad, el ocultamiento de la verdad, la corrupción?, porque en todo el mundo las ideas de democracia verdadera, base de una sociedad sana, surgen de personas como usted y como yo que no están satisfechas con lo que ven y con lo que viven.

Cuando encuentro semejanzas entre la caída del Imperio Romano y lo que ahora vemos, también pienso en cómo, al llegar el momento, el Renacimiento fue consecuencia del pensamiento y la acción de seres humanos como usted y como yo, lo que, finalmente, puede devolvernos un poco el optimismo; ¿usted qué opina?

                *Ascenso y caída del Imperio Romano.

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El Dr. Rafael Álvarez Cordero nació en la Ciudad de México el 7 de septiembre de 1938.​ Cursó la Licenciatura en Medicina, y obtuvo el título de Médico Cirujano de la UNAM el 31 de octubre de 1961. Realizó estudios de post-grado con especialización en Cirugía general, Cirugía Digestiva e Investigación Quirúrgica en México, Estudios Unidos y Francia, de 1962 a 1967. Cursó el Doctorado en Ciencias y obtuvo el título de Doctor en Ciencias Médicas de la UNAM el 16 de julio de 1976.

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