Universidades de la tercera edad

Es necesario que los viejos tengamos acceso a la formación académica como los jóvenes

   Por Rafael Álvarez Cordero

 

“Tus celulitas grises están ahí, ¡úsalas, te hará bien!”

P. Fritz

 

Mi querido viejo: cada día somos más, cada día el porcentaje de la población de viejos mexicanos que tiene más de 60 años aumenta, y lo sabroso es que no se trata de viejecitos decrépitos, enfermos e inútiles, sino de hombres y mujeres que a sus sesentas y setentas tienen mucha vida, mucha salud, muchas ganas de seguir adelante, porque hoy sabemos, a ciencia cierta, que el “envejecimiento” del cerebro es un mito, porque eso que se llama “neuroplasticidad” permite que nuestras celulitas grises sigan activas, vivitas y coleando.

Y ya desde hace tiempo he hablado de la necesidad de que los viejos tengamos acceso a la formación académica como lo tienen los jóvenes; aquí escribí varias veces acerca de las Universidades de la Tercera Edad, destinadas no a que los viejitos “pasen el tiempo” como en una guardería, sino a que, de acuerdo con sus inclinaciones, aprendan idiomas, aprendan habilidades, manejen computadoras, tengan una carrera profesional, y eso, desafortunadamente, no se ha concretado, a pesar de que en más de una ocasión los legisladores han propuesto que las Universidades de la Tercera Edad se multiplicaran en todo el país; actualmente hay dos Universidades funcionando en la capital, y hay algunas en Guadalajara y Monterrey, pero no hay más; recuerdo que hace años se hizo la propuesta de tener una Universidad de la Tercera Edad en cada delegación de la capital, pero eso nunca se logró.

Desde el punto de vista académico, la UNAM creó, durante la rectoría del doctor José Narro, el llamado SUIEV, Seminario Universitario Interdisciplinario sobre Envejecimiento y Vejez, que realiza estudios, cursos, encuentros, etcétera, de gran rigor académico, en su momento se esbozó un proyecto de Universidad de la Tercera Edad, que no prosperó.

Actualmente, en todo el mundo hay programas de educación superior para adultos y, entre ellos, para ancianos;  en algunos se emplea la educación a distancia a través de los recursos por internet y los queridos viejos se entusiasman al aprender también el manejo de las nuevas tecnologías; otros prefieren acudir a las clases universitarias personalmente porque al estar jubilados tienen más tiempo libre y ya no están tan ocupados con faenas de casa; además, es importante para ellos poder conocer y comunicarse con más gente.

En Argentina hay muchas Universidades de la Tercera Edad, en Chile también, asociadas a la Universidad Católica de Chile, en España hay decenas de Universidades, y hay cada vez más interés por participar; hay datos interesantes: en Alemania: en los últimos diez años el número de estudiantes ancianos en las universidades aumentó en un 22 %, llegando a un total de más de 20 mil personas, y casi la mitad de ellas tiene más de 60 años de edad; las materias más populares son filosofía, historia del arte, teología y otras carreras de humanidades. En Rusia, el Instituto de Ancianos en Blagovéshchensk, una ciudad fronteriza con China; ofrece carreras de lenguas extranjeras, sicología, ‘culturología’ (?) computación e historia de las Bellas Artes; la edad media de los estudiantes es de 63 años.

O sea, querido viejo, que no podemos ni debemos quedarnos atrás en la creación de Universidades de la Tercera Edad, porque como tú, hay miles de viejos que esperan la oportunidad de estudiar y aprender lo que no pudieron hacer cuando estaban trabajando de sol a sol.

Me gustaría saber qué te gustaría estudiar y aprender, cómo imaginas una Universidad de la Tercera Edad cerca de tu casa; tu opinión es valiosa y aquí la comentaré.

               

 Médico y escritor

 

 alvare2009@hotmail.com

                

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El Dr. Rafael Álvarez Cordero nació en la Ciudad de México el 7 de septiembre de 1938.​ Cursó la Licenciatura en Medicina, y obtuvo el título de Médico Cirujano de la UNAM el 31 de octubre de 1961. Realizó estudios de post-grado con especialización en Cirugía general, Cirugía Digestiva e Investigación Quirúrgica en México, Estudios Unidos y Francia, de 1962 a 1967. Cursó el Doctorado en Ciencias y obtuvo el título de Doctor en Ciencias Médicas de la UNAM el 16 de julio de 1976.

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