El Palacio que desalojó un Sanborns

Por Miguel de la Cruz

Como si ante un cruel ayuno extenso, hubieran embadurnado el paladar con limón, así sucedió. El impacto de la vista aportó mal sabor al gusto. Desapareció el Sanborns que décadas atrás había estado ahí. En el mismo sitio existió El Toreo de la Condesa, inaugurado el 22 de septiembre de 1907, fecha en la que todos ignoraban que en ese lugar permanecería 39 años. En la cuadra delimitada por las calles Salamanca, Valladolid, Colima y Durango de la colonia Roma se construyó la segunda tienda departamental, El Palacio de Hierro y en uno de sus costados, quedó incrustado un restaurante y tienda Sanborns, buena parte de su espacio no tenía ventanas hacia la calle, solo una sección que conectaba con una plazuela y el eje de Salamanca. En el muro más extenso de su interior había un mural de no muy depuradas formas que tenía entre sus elementos, un libro abierto que dictaba una suerte de frase motivacional, algo así como “Tu eres el arquitecto de tu destino”, hasta donde recuerdo corresponde a una pintora y quizá fue realizado hacia la década del 60. Hace una semana, llegamos en domingo, dejamos el auto en el estacionamiento del Palacio de Hierro y caminamos tan solo para encontrar que el espacio rebosante de pasteles, juguetes, libros, revistas, celulares, cámaras, mesas, sillas, alfombra, platillos en bufet y el mural, se había extinguido, quedaba la obra negra, como si apenas fueran a construir. Nunca vi ese restaurante sin gente, supongo que otros como nosotros eran habituales frecuentes u ocasionales pero habituales al fin. Ahora en internet tratando de encontrar alguna información sobre el mural, el lugar o la desaparición del mismo, encontré un sitio en el que distintos comensales mencionan la tranquilidad del restaurante, únicamente una persona se quejaba de malos molletes pero todos escribían textos en los que se vislumbraba un matiz de afecto. “Nos quitaron nuestro restaurante” dijo mi esposa, una escena como cuando se derrumba Cinema Paradiso para darle lugar a un estacionamiento. Al ver a una trabajadora de la construcción con casco y chaleco fosforescente anaranjado, le preguntamos, ¿Volverá a ser Sanborns? su respuesta incolora asestó la sentencia: Se ampliará el Palacio de Hierro. Nunca comimos algún platillo de antología ni nos topamos con personal que nos reconociera para darnos “la mesa de siempre” pero en famila adoptamos ese espacio como propio, así que ante la severa ausencia del aspecto que conocimos sin más opción miramos la oscuridad del socavón que ahuyentó nuestra atención hacia las formas circulares de la rampa del estacionamiento que le dan un toque arquitectónico único al exterior y un detalle más, a unos metros de la puerta que conducía al restaurante, sobre el muro hay dos placas, sol y sombra para el entusiasmo, las dos rememoran momentos que poseen méritos suficientes para remitir a la época en que no había tienda sino plaza de toros, una placa evoca la faena que “El faraón de Texcoco” Silverio Pérez, realizo al toro “Tanguito” de la ganadería de Pastejé, la otra remite a una tragedia, letras sólidas y brillantes, propias de las placas de bronce, apuntan que precisamente en ese sitio murió Antonio Balderas, el 29 de diciembre de 1940, torero joven que debutó a los 16 años, de familia acomodada no siguió la profesión de su padre, director de orquesta, tomó la alternativa en España, donde llegó a hacer notables faenas, fue figura de la fiesta brava y en la plenitud vino el fin de su existencia, “Cobijero” un toro que no le tocaba en suerte, hizo un guiño para embestir a José González “Carnicerito”, alternante que en ese momento miraba hacia las alturas solicitando permiso al juez para tomar la muleta, Antonio Balderas movió el capote y “Cobijero” fue por él con destreza furiosa superior a la capacidad de respuesta del matador, lo levantó por los aires y en el descenso le clavó el cuerno en medio del hígado para provocarle una muerte instantánea. Las placas siguen ahí, el Sanborns no. El predio fue plaza de toros hasta 1946, los dueños del coso desarmaron la estructura de acero y se la llevaron a un espacio de la zona norte, conocida como 4 caminos, curioso, hace unos años también lo deshicieron y ahora se yergue un imponente centro comercial con cines, hotel y tiendas. Por artes que desconozco el Palacio de Hierro Durango, alojaba un restaurante Sanborns y por artes que vuelvo a desconocer fue expulsado de ahí sin que nunca le faltara gente, ahora nos falta a los habituales a él. Parece como si la tienda hubiera reclamado espacio a la manera de su slogan monárquico: Soy totalmente Palacio.

 

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