LOS REYES MAGOS

   Por Gonzalo Basurto D.

 

Mis amigos, en ocasión del principio del año, me refiero exactamente al día cinco del primer mes, celebramos la visita que hace un par de milenios hicieran los Reyes Magos, ( también llamados sabios, hechiceros o astrólogos), al niño Jesús en la gruta de Belén. Le llevaron los consabidos regalos de oro incienso y mirra y, al mismo tiempo, instituyeron una tradición que muchos pueblos han seguido a través de los tiempos: entregar obsequios a los niños, ese día, mientras duermen, para llevarse la grata sorpresa de verlos al despertar. Previamente los peques hicieron su carta a los Reyes pidiéndoles sus regalos, juguetes generalmente, señalando en abono a sus peticiones que se portaron muy bien todo el año, cosa que provoca sonora carcajada a los buenos Magos.

Debemos aclarar que  Reyes Magos  hacen su recorrido en camello, elefante y caballo, son lentos y han venido perdiendo la carrera  con el barbudo y burlón (jo, jo, jo) de Santa Claus, en el propósito de entregar los juguetes. Este personaje vive en el Polo Norte, llega tal vez como migrante ilegal, no lo sé, pero viene la noche de Navidad, madrugándoles con la fecha a los Reyes Magos, montado en un trineo aerodinámico y renos voladores; regordete como es, sigue entrando por las chimeneas y deja sus regalos en el árbol navideño. Hay que decirlo, siempre es bien recibido en los domicilios donde llega.

Volvamos a nuestro cinco de enero en la madrugada. Los queridos Melchor, Gaspar y Baltazar, con menos bombo y platillo, sin risas escandalosas, por el contrario, en el mayor silencio, llegan a las casas buscando los zapatos de los niños donde pusieron sus cartas de petición para satisfacerlas en lo posible. Ahora existe otra modalidad, poner las cartas en globos con gas que suben al espacio en busca de sus destinatarios. Es efectiva la medida, las cartas también llegan satisfactoriamente a su destino.

Los niños de hoy en día, nuestros nietos y bisnietos, más revolucionados y con más información que en nuestro tiempo, mueven el lápiz con singular destreza a la hora de pedir sus juguetes. Primero lo mejor y más caro, los juguetes electrónicos como tabletas, celulares, robots, drones y cosas por el estilo. En seguida continúan los juguetes eléctricos y de pilas que van desde trenes, automóviles, aviones y varios etcéteras, sin olvidar las muñecas que hablan, cantan y hacen mil monerías. Si esto no se puede, aclaran los pequeños, entonces… siguen las bicicletas normales, de carreras, de montaña y luego los patines de tierra, de nieve y muchas cosas más que hacen palidecer a los heroicos monarcas.

¿Se acuerdan de nuestros Reyes? Traían sus animales menos cargados. Los niños que “se portaban mejor” amanecían con bicicleta y patines; los demás eran felices con carritos de todas clases, tamaños y materiales; pistolas, pelotas y muñecas, (unas hermosas y finas, otras hermosas y de trapo), juegos de té y trasteritos, (espero no los hayan olvidado), en fin, cosas por el estilo. Al día siguiente, toda la chamacada salía a la calle a presumir los juguetes, a darles su remojo y a echar ojo para ver que les trajeron a los amigos y vecinos.

Podemos concluir, mis amigos, reconociendo que antes y ahora los sufridos y amorosos Reyes Magos han cumplido eficientemente su maravillosa tarea, contra viento y marea, con vacas gordas o flacas, con brisa o tormenta; gracias a ello, continuando con esta tradición ya muy nuestra, los niños seguirán siendo sorprendidos gratamente y seguirán llenando de alegres sonrisas los hogares mexicanos.

Gonzalo Basurto D.

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