Generación privilegiada | CUEM CDMX

Generación privilegiada

   Por Gonzalo Basurto D.

Estimados colegas de la mejor adultez, con los acontecimientos recientes, el sismo de septiembre pasado, vino a mi memoria que nuestra Generación Privilegiada también tiene experiencias en el tema de los fenómenos naturales, ésos que nos sacuden totalmente y nos hacen ver la fragilidad humana.

Veamos, en el 1943 surgió el volcán Paricutín, en el estado de Michoacán, con su correspondiente cauda de destrucción; en 1957 nos tocó el temblor que hizo caer el Ángel de la Independencia; en 1985 nos estremecimos, como todos les defeños, con la terrible sacudida que echó por tierra muchas construcciones y que también se llevó muchas vidas humanas. Hemos padecido, además, inundaciones leves y graves, hemos sabido de los destrozos que muchos huracanes han causado en México y otros países, nos enteramos de tsunamis y otras adversidades sin olvidar la constante amenaza del Popocatépetl, el famoso Don Goyo, que en un momento está contento y al siguiente se enfurece. En fin, nuestra generación no sólo ha gozado las bondades de la vida, que muchas han sido, también ha visto, vivido y sufrido muchas calamidades y eso, amigos míos nos ha dado más temple, más experiencia y más sabiduría.

En esta ocasión, septiembre 19 de 2017, el movimiento telúrico y sus funestas consecuencias nos sorprendió cansados; con pesar vimos cómo la desgracia y la tragedia segaron vidas humanas dejando llanto y desolación; con dolor sabíamos que ya no podíamos salir a levantar escombros y rescatar vidas humanas,  pero con enorme satisfacción vimos muchos adultos mayores cargando víveres y participando en trabajos de auxilio a damnificados y rescatistas. Mucho por nuestros colegas, dignos representantes de una gran generación.

Y aquí, amigos, viene lo importante: el dolor y la desgracia de unos compatriotas en la capital y varios estados del país, impactaron y afectaron a todos los mexicanos; como resultado, volvió a surgir el México noble que sin vergüenza derramó una lágrima por los hermanos caídos, y el México bravo que sin temores se lanzó para ayudar y rescatar a cualquier afectado. No hubo clarín de órdenes, no hubo dirección gubernamental ni consigna política, fue la propia ciudadanía que con  amor patrio salió a dar su apoyo y esfuerzo, valiente y desinteresado.

Fue una interminable y conmovedora lluvia de colaboraciones. Jóvenes en moto y bicicleta llevando y trayendo herramientas, comestibles y lo que fuera necesario; taxistas ofreciendo servicio gratuito a socorristas y damnificados; cadenas de hombres, mujeres y niños para retirar escombros o para organizar centros de acopio; negocios aportando mercancías o medicamentos; colaboración ab soluta de todos en las redes sociales; toneladas de alimentos proporcionadas por personas ricas y pobres, éstas desprendiéndose inclusive de lo necesario; las casas se abrieron generosas para dar auxilio a los necesitados, agua, carga de celular o para compartir con ellos su momento de tristeza. Todos, con angustia colectiva, observando el desastre en la televisión.  En esos días, se sentía, se respiraba que  el drama y el infortunio estaban acompañados por la solidaridad y entrega de todos los mexicanos.

México, ante la circunstancia, se enlutó y lloró; pero al mismo tiempo México renació, se manifestó nuevamente el país noble, grande y fuerte que por sí solo logró sobrevivir a la tragedia, sin engaños ni corrupciones, sin presiones ni falsas promesas, lo hizo con voluntad ciudadana, con desprendimiento del yo y preocupación por los demás, con amor patrio. El Himno Nacional, cantado en las zonas de desastre volvió a tener sentido. Ojalá sigamos por el mismo camino porque ¡Sí se puede! ¡Sí podemos!

Termino mis queridos amigos con una reflexión. Si nosotros como adultos mayores no pudimos aportar fuerza y brazos como lo hizo nuestra maravillosa juventud, recordemos que ya hicimos nuestra contribución: tuvimos hijos y nietos, y todo lo bueno, mucho o poco que pudimos inculcarles, se vio reflejado en esta magna brigada nacional.

Gonzalo Basurto D.

Contacto: gonzalo.bd41@gmail.com 

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