EL VIEJO SAN VALENTÍN

   Por Gonzalo Basurto D.

 

Mis amigos, llegó el mes de febrero con su famoso día 14 de San Valentín dedicado a los enamorados. Da un poco de risa pensar que las parejas actuales van a esperar este día para expresar su mutuo amor, sobre todo en estos desinhibidos tiempos; a los que no les da risa es a nuestros inquietos y ávidos comerciantes que desde el 6 de enero no habían tenido días de buenas ventas; así que era necesario etiquetar otra buena fecha para tal propósito y qué mejor que aprovechar al buen San Valentín protector de los prometidos, enamorados y al que le agregaron, sagazmente, a los amigos y se convirtió en el apreciado Día del Amor y la Amistad. Ya después vendría el día de la madre, del padre, de las comadres, del maestro, del afilador, del tatarabuelo y muchos etcéteras más.

Pero volvamos a nuestro punto. ¿Por qué viejo San Valentín?, pues porque vamos a referirnos al que celebrábamos nosotros, mis cuates, cuando lucíamos jóvenes y bellos y cuando chico se nos hacía el mar para echarnos un buche de agua. Bien sabemos que eran otros tiempos, cuando a las mujeres había que conquistarlas, enamorarles, hablarles al oído, convencerlas antes de presumirlas como novias. ¡Qué difícil era aquello! Aunque las chamacas se morían por caer rendidas en brazos del galán, tenían que volverse  remolonas y hacer sufrir a su Romeo, de acuerdo a los protocolos, moral y costumbres de la época. En un pequeño paréntesis debemos señalar que actualmente los galanes simplemente se dejan querer porque, en un alto porcentaje, son las jovencitas las que toman la iniciativa e inician el ataque hasta su fase final, la conquista del despreocupado Adonis que, si le parece, se entrega como gran trofeo, pero si no, espera una mejor oferta. ¡Ajúa!

Llegado al día, había que pensar en el regalo.  Lo más común de aquel tiempo sigue siendo lo más común del tiempo actual, es decir, los chocolates y las flores, los peluches y el disco, después casete y ahora DVD. Los galanes que tenían cartera más gruesa se lucían con un reloj, una joya o algo de verdadero valor, ahora, los que tienen más recursos obsequian tecnología moderna en aparatos, juguetes u objetos diversos.

¿Qué dónde se entregaba el regalo? Según las posibilidades del Romeo, su edad y  experiencia amorosa. Podía ser en el restaurante durante la cena, en el clásico y módico café, en el cine, en casa de Julieta, cuando ya era posible, en el parque cercano o, como diría Agustín Lara, a la luz del farolito que alumbraba la calle desierta. Quiero agregar que a pesar del moralismo y prejuicios de nuestro ayer, nos tocó un  hermoso tiempo que iba despacio, (sin exagerar, porque siempre hubieron  embarazos prematuros). Había tiempo de mirar a los ojos a la novia, de hablar cara a cara sin celular de por medio, de platicar en silencio, de hacer las cosas en su momento… y bien hechas, ¡sí señor!

Es bueno señalar aquí que como todavía vivimos y coleamos nos damos cuenta de muchas cosas, por ejemplo, que ahora las parejas de enamorados prefieren, en su mayoría,  intercambiar sus afectos y regalos en el lugar de cinco letras, ése de pago por evento. Los hoteleros-moteleros felices festejan al gran San Valentín que les proporciona su mejor día del año.

Termino, mis colegas, reafirmando el concepto de que no hace falta un día especial para externar nuestros quereres, día a día debemos acrecentarlos y mostrarlos a todas las personas que estimamos. En el caso concreto del amor a nuestra pareja hay que manifestarlo con apoyo físico y moral, con amable compañía, con la comprensión cabal del mutuo desgaste, con la caricia y el beso oportunos y, para aquéllos que todavía lanzan el anzuelo al río: doble celebración. Para todos: “Feliz Día del Viejo San Valentín”.

Gonzalo Basurto D.

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