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2 años de la "Convención Interamericana Sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores"

Por Adriana Luna Parra 
 
 

Las personas mayores somos cada vez un mayor porcentaje de la población y más aún las mujeres que vivimos más años en proceso de envejecimiento; esto ha transformado la necesidad social a mirarnos, pero lo más importante es que nos reconozcamos a nosotras mismas y nos aceptemos en el valor de lo vivido y más aún en revalorizar lo que nos falta por vivir.


El 15 de Junio se cumplen 2 años en que la OEA firmó la "Convención Interamericana Sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores", lo que se había reclamado años antes y que en estos 2 años hemos incrementado la lucha al lado de varias organizaciones sociales de mayores, académicas, de derechos humanos y gubernamentales porque lo firme México.
La Convención reconoce las causas psicosociales y culturales que determinan que las mujeres vivamos la vejez con mayor riesgo de discriminación debido a nuestra condición de mujeres. El género nos ha limitado las oportunidades a lo largo de la vida y esa carencia refuerza la desigualdad en la vejez si no logramos visualizarla y transformarla.
La sociedad nos recibe al nacer y trata distinto a hombres y mujeres, desde que nacemos nos rodea de entornos de color, tono, lenguaje, juguetes y canciones diferentes que reflejan expectativas distintas y determinan roles de hombre ideal y mujer ideal que abren mayores oportunidades para los hombres a educarse, tomar decisiones, mandar y luchar en el mundo exterior con fuerza y audacia; mientras que de las mujeres se espera dulzura, cuidados y que se encargue de la satisfacción de necesidades del hombre y la familia, desde aquellas de la vida cotidiana en la casa hasta las sexuales al hombre, siempre con recato y prudencia garantizando fidelidad.
El cuerpo, los sueños y el tiempo de la mujer se perciben propiedad del hombre y la prole, las tradiciones la forman para ello y se llega a considerar natural. La entrega incondicional se considera base del amor femenino lo que impulsa la codependencia y sometimiento como forma de  alcanzar el reconocimiento.
Se alaba la belleza de la juventud y se desprecia el cuerpo de la mujer vieja con rigor que no se compara con el del cuerpo del hombre mayor; el deseo del hombre busca a la joven; los hijos ya buscaron otro nido. Sentimos falsamente que hemos perdido nuestro valor social pues lo hemos depositado en otras Personas. Nos hicieron temer la soledad para fortalecer las cadenas de la codependencia.
Este peligro es evitable si lo advertimos y aprendemos a amarnos, retomar nuestra vida en las manos, reformar nuestro roll, replantear nuestro sueños y atrevernos a SER a plenitud.
La vida es nuestra, re valoremos nuestro tiempo para disfrutarlo, hagamos de la soledad nuestra amiga y la puerta para la auto determinación. Transformar nuestra forma de amar a quienes nos rodean lleva a relaciones más igualitarias y armónicas. Quizás al principio se sorprendan pero la amaran con respeto como persona y no sólo como satisfactoria.
El fantasma del miedo parece que nos amarra, no lo permitamos. Abracemos nuestro tiempo y decisiones, poner límites es el camino, limpiémoslo de abrojos con el machete de la decisión y Atrevamos nos a caminar con nuestro sueño por delante. Disfrutemos nuestros últimos años como saboreamos los últimos dulces de la bolsa.
Sigamos luchando porque México firme la Convención y sobretodo demos El Paso a firmar con nosotras mismas el compromiso por nuestra propia felicidad que trae consigo una sociedad mejor.

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Guadalajara # 9 Col. Roma Norte Del. Cuauhtémoc

Ciudad de México.  

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