¡Prohibido hablar de política!

   Por Rafael Álvarez Cordero

Nos tratan como si no hubiéramos vivido muchos años viendo, opinando, votando.

 

 

 

 

“Ni de política ni religión, o se acaba la reunión”.

                Dicho popular.

 

Mi querido viejo: te escribo ahora porque las elecciones de junio ya pasaron y las controversias fueron menos graves de lo que se esperaba, por supuesto nadie quedó satisfecho, ni los que ganaron, que todos sabemos que ganaron gracias a las carretadas de dinero (de nuestro dinero) que derrocharon para agenciarse votos, ni los que perdieron, que después de sus “berrinches” se han quedado callados porque ellos tampoco fueron muy pulcros y limpios en sus campañas.

Si queremos ver las cosas optimistas, diremos que la democracia mexicana poco a poco se va consolidando, tenemos un padrón electoral (ya hay menos muertos que votan), tenemos autoridades que vigilan los procesos electorales (aunque se hagan sordos y mudos ante las evidencias de violaciones en el proceso), y tenemos relativa calma post electoral, que comparada con la violencia, inseguridad, asaltos, robos, secuestros y muertes de los delincuentes no es nada.

Pero si queremos ser pesimistas, encontramos que nuestras elecciones son las más caras del mundo, que ningún país gasta lo que nosotros en dar dinero a los partidos, dar dinero a los consejeros del Instituto Nacional Electoral, en dar dinero a los preparadores de las elecciones, y si a eso se suma el dinero que los propios partidos y personajes desconocidos dan a los candidatos, podemos afirmar que las elecciones en México ¡apestan!, por decir poco.

¿Por qué escribo esto en la columna dedicada a ti, querido viejo?, porque he recibido mensajes de viejos que se quejan de que sus familiares no los toman en cuenta al hablar de política, los consideran obsoletos y desprecian sus opiniones y sus consejos y les piden que se callen; éste es uno de los muchos modos de discriminarnos, porque nos tratan como si no hubiéramos vivido muchos años viendo, opinando, votando y comentando las elecciones de presidentes, gobernadores y demás.

La experiencia acumulada en esos años no tiene precio, lo que hemos aprendido y lo que pensamos de los procesos de elección, de cómo se comportan los partidos políticos y los candidatos no es nada nuevo, porque los jóvenes seguramente ignoran que muchos de nosotros fuimos activistas, que con entusiasmo quisimos que la vida de México fuera mejor, que los políticos representaran lo que nosotros deseamos, que llevaran a las Cámaras de Diputados y Senadores nuestras demandas y que eso permitiera que el país saliera de su marasmo. Mucho de eso se logró, a empujones y estirones, pero se logró, sin embargo, como todo en la vida, aún falta un gran tramo por recorrer.

Y ahí es donde la voz del viejo, la voz de la experiencia, la voz de la serenidad debe ser escuchada; los viejos aprendimos muchas cosas en la universidad de la vida, muchos de nosotros logramos realizar nuestros sueños, otros no tuvieron la misma suerte, pero todos dedicamos nuestra vida a hacer el bien, proteger la familia, promover una mejor calidad de vida para nuestros compatriotas, y vivimos los procesos electorales, los aplaudimos o los criticamos, y hoy somos capaces de dar una opinión, un consejo, a nuestros seres queridos o a quien quiera escucharnos.

Uno de mis lectores me dice que en su casa le dijeron que “estaba prohibido hablar de política”, como si hacerlo fuera un pecado mortal; estoy totalmente en contra de que a nosotros los viejos nos quieran relegar, aislar o callar, pues quienes lo hacen ignoran los tesoros de sabiduría que hay en cada viejo o cada viejecita. Bien harían los jóvenes en pedir consejo, en política y en muchos otros asuntos, a los queridos viejos, porque ellos seguramente serán más sabios y prudentes que los aprendices de políticos que hablan como pericos y no saben nada de la vida.

Y tú, querido viejo, si tienes una opinión sobre el ambiente político de nuestro país, una opinión sobre los políticos, las elecciones y otros temas, ¡no te calles!, habla claro con tus seres queridos o tus amigos y ¡escríbeme!, comenta lo que quieras que aquí se ventile, y yo con gusto lo reproduciré.

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El Dr. Rafael Álvarez Cordero nació en la Ciudad de México el 7 de septiembre de 1938.​ Cursó la Licenciatura en Medicina, y obtuvo el título de Médico Cirujano de la UNAM el 31 de octubre de 1961. Realizó estudios de post-grado con especialización en Cirugía general, Cirugía Digestiva e Investigación Quirúrgica en México, Estudios Unidos y Francia, de 1962 a 1967. Cursó el Doctorado en Ciencias y obtuvo el título de Doctor en Ciencias Médicas de la UNAM el 16 de julio de 1976.

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