CANAS | CUEM CDMX

CANAS

Rosa Nissán 

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Somos 3.000 millones de mujeres en el mundo, y sólo ocho son supermodelos. No más estereotipos.

Mujeres colombianas en zed lúdica.

      

         Regreso cansada, un día muy fuerte en el diplomado de derechos humanos de las mujeres. Un carro en la calle de Michoacán a la altura del restaurante Los Arroces, se está echando para atrás, le toco el claxon, no se detiene, me va a pegar, sigue echándose de reversa, me pego al claxon, tengo coches atrás, todo eso sucede en de milésimas de segundo. Después del golpe, no muy fuerte, un hombre baja gritando: ¡vieja pendeja!. El que bajó del Cirrus es corpulento, pelo gris, más cerca de los sesenta que de los cincuenta. No me voy a dejar, decidí. ¡Pendejo usted! - se la reviré. ¿¡Por qué no se echa para atrás si está viéndome?! ¡vieja pendeja! - repitió como si yo fuera sorda. ¡Pendejo usted! - respondí sin que se me ocurriera algo más creativo. Todavía no terminaba mi enunciado, y se estaba metiendo a su coche. Como osé contestarle, sacó lo que le faltaba de su repertorio. ¡Mire vieja pendeja, ya cállese, porque le voy a pegar! dijo casi en mis narices. Desde mi asiento grité: ¿Quiere aprovecharse de su fuerza física ¿verdad?. ¿Qué le quedaba? la fuerza física nada más, las groserías ya se habían gastado. Cuando los del Vallet parking se acercaron alarmados, ya por favor cálmense... El encabronado, para acabar pronto remató: ¡Anciana! ¡Puto! - se la regresé. ¡Anciana puta! gritó metiéndose otra vez a su coche. Lanzó la palabra anciana como si fuera el peor de los insultos, como si gritara: !Ladrona! y yo tuviera que avergonzarme. Es uno de los pendejos que cuando ven una cana en una mujer, ven una anciana, pero a ellos las canas los hacen interesantones. Para ese momento ya pude echarme en reversa, el Cirrus se estacionó. El anciano de mi edad, bajó de su auto, se abotonó el sacó, tomó a la jovencita que venía con él del brazo y entraron a lucirse al restorán.

 

Y me congratulé de no haberme dejado. No cabe duda, no están acostumbrados a que nos pongamos al tú por tú. Eso sí que no.

 Cierto lo que afirman las colombianas:  La edad no es importante a menos que seas queso.

 

La anciana puta que todavía no cumple sesenta años se fue pensando, caray, en otros tiempos las personas mayores eran respetadas por su sabiduría y experiencia, merecían respeto, el machín utilizó la palabra anciana cuando agotó su repertorio de improperios, pero ágil y veloz se sacó de la manga la dominguera, y acusándola, le sorrajó la que a él le dolería más. Cuando termine la fecha de caducidad de ese hombre se va a tener que suicidar por obsoleto. No quiero imaginarlo entre su familia, atropellando a su mujer y a sus hijas como lo hizo conmigo.

         Afortunadamente soy una mujer de larga vida, en otra etapa, como cuando entré en la adolescencia. Si la salud nos lo permite seremos las viejas del mañana. Cubrí mis canas apenas vislumbraba una raíz, pero cada vez asomaban más y más pronto, estaba harta de pintarme cuando conocí a una hermosa mujer de sesenta años que para mi gusto lucía atractiva con el pelo gris. "Estoy a favor de la revolución de las canas y las arrugas, afirmó, a favor de aprender a envejecer con dignidad, desde muy joven decidí cómo quiero que sea mi vejez, si acaso tengo la suerte de llegar a serlo. Quiero estar conciente de cómo pasa el tiempo, no sorprenderme si un dia ya no puedo caminar igual, no puedo esto, ni aquello, quiero irme aceptando como voy siendo, no tratar de ocultar, ni ocultarme los cambios.

Me voy haciendo a la idea de cómo voy cambiando. No creo que pueda hacerme pasar por joven por pintarme las canas, los cambios se sienten de muchas formas.

Tiene razón, si la salud nos lo permite, seremos las viejas del mañana.

 

 

Sub. Artículos Canas1  realizado  8 marzo 2000   rev. 25 Agosto 04 [La jornada, marzo 2000, México]

Nació en la Ciudad de México, el 15 de junio de 1939.  Estudió periodismo en la Universidad Femenina de México. Ha sido coordinadora de talleres literarios en la ENEP Acatlán, de la UNAM. En 1994 recibió el Premio Ariel León Dultzin, de la Asociación de Periodistas y Escritores Israelitas en México. Colabora en diversas revistas y suplementos culturales como De Polanco para Polanco, Fem, Mira, Teleguía, Tiempo Libre, Play Boy. Parte de su obra se encuentra en diversas antologías nacionales.

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Ciudad de México.  

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