Más y más viejos... ¿y ahora? | CUEM CDMX

Más y más viejos... ¿y ahora?

   Por Rafael Álvarez Cordero

“Creced (en edad) y multiplicaos (en oportunidades y satisfacciones)” J. Pu

 

Mi querido viejo: tú y yo lo sabemos desde hace mucho tiempo, miles de viejos nos damos cuenta que somos cada día más, que la longevidad es una realidad inocultable, tanto para México como para el mundo. Tú y yo sabemos que esto es consecuencia de muchos factores, el principal, la mejor calidad de vida que se tiene, gracias a los avances en la salubridad general: agua potable, drenaje, alimentos más sanos y no contaminados, etc. Y también hay más viejos porque la ciencia ha avanzado de manera incontenible, de modo que muchas enfermedades que se consideraban incurables, ahora se controlan con una pastilla o una inyección. Yo nunca olvidaré el espectáculo que vi en el consultorio de mi padre —que estaba dentro de nuestra casa—, yo tendría como siete años e intempestivamente entré y encontré a un individuo obeso, muy obeso, amoratado y con respiración muy difícil, de cuyo brazo colgaba una aguja y un tubo por el que escurría sangre a un recipiente; horrorizado salí del consultorio; luego mi padre me explicó que el individuo tenía la presión alta y estaba a punto de sufrir un infarto cerebral, y que la extracción de sangre era el único método que le permitió recuperarse y salir del consultorio en mejores condiciones; la presión alta se controla ahora con una pastillita, cuando hace poco más de 50 años no había otro método que la sangría. Así sucede con muchas otras enfermedades: úlcera, colitis, infecciones de todo tipo, infarto, lesiones articulares, diabetes, cáncer; hoy somos muchos viejos en el mundo, y la vejez ya no es lo que era. Pero, ¿y ahora?, ¿qué haremos con tantos viejos?; tristemente debemos reconocer que en todo el mundo los gobiernos y los ministerios de salud no pensaron que habría tal aumento de viejos que requieren todo: atención, cuidados para sus enfermedades, alimento, vestido, casa, empleo, y tantas cosas más.

Desde tiempos de la Colonia, los viejos fueron atendidos en asilos que casi siempre fueron regidos por religiosos y el cuidado que recibían era “mientras”, mientras se pone más débil, mientras se pone más enfermo, mientras se muere. Los titubeantes esfuerzos para lograr algo con los viejos en el siglo pasado fueron frustrados por las componendas políticas, y el enorme trabajo de una mujer admirable, Emma Godoy, logró muy poco, porque los viejos ni son productivos ni votan, entonces los políticos los ignoran.

Y en 2010 se creó el Instituto Nacional de la Senectud, como reconocimiento del gobierno hacia una población que pronto superará 14 millones y que tan sólo en la capital, en el 2030 habrá tres veces más de los que hay ahora; sí, querido viejo, seremos más y más, pero aún no hay suficientes medios para ofrecer todo lo que los viejos necesitamos. Lo malo es que a nosotros los viejos, jubilados en pleno uso de nuestras facultades, nos consideren inservibles, aun dentro de nuestra familia, y que el cariño sea cada vez más escaso, que las conversaciones escaseen, que no seamos invitados a una celebración porque “no oyes bien, papá”, o a un viaje porque “tú te cansas y caminas muy despacio”; esa triste tradición debe cambiar. Y la tradición para el gobierno es pensar que si algo se va a hacer, será un poco como la que tuvieron los asilos, y por eso no hay esperanza de que se creen, como en otros países, Universidades de la Tercera Edad o Centros de Convivencia para conservar y mejorar las capacidades físicas y mentales de nosotros los viejos; no hay tampoco ofertas de trabajo útil y vemos en los supermercados a queridos viejos embolsando la mercancía de los clientes; ¡y muchos de ellos son contadores, ingenieros o maestros! Tenemos que alzar la voz cada vez más para que nos oigan, para que las autoridades atiendan las ingentes necesidades de muchos queridos viejos, tan sólo en la capital del país, sabemos que hay más de 90 mil viejos que requieren urgentemente atención física, médica, nutricional, sicológica…y nada. Sólo alzando la voz podremos ser escuchados, ¿por quién?, por quienes tienen en el gobierno los dineros para atender a los mexicanos, cualquiera que sea su condición y edad.

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El Dr. Rafael Álvarez Cordero nació en la Ciudad de México el 7 de septiembre de 1938.​ Cursó la Licenciatura en Medicina, y obtuvo el título de Médico Cirujano de la UNAM el 31 de octubre de 1961. Realizó estudios de post-grado con especialización en Cirugía general, Cirugía Digestiva e Investigación Quirúrgica en México, Estudios Unidos y Francia, de 1962 a 1967. Cursó el Doctorado en Ciencias y obtuvo el título de Doctor en Ciencias Médicas de la UNAM el 16 de julio de 1976.

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