El bienestar humano y la seguridad en la Convención Interamericana sobre la Protección  de los Derechos Humanos de las Personas Mayores.

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Por  Ana Leticia García Núñez y Adelina González Marín. 

 

 

El bienestar humano  para Amartya Sen (Premio Nobel de economía, 1998)  consiste en desarrollar las capacidades de las personas más allá de sus capacidades básicas como comer o dormir, que le posibiliten desarrollarse para hacer y ser  más cosas; el cual se logra gracias a las dinámicas intergubernamentales para que las personas tengan esas capacidades adquiridas y tener así las condiciones para alcanzar una vida de calidad, que les dará más libertad para la toma de sus decisiones y para el buen vivir.

En ese mismo sentido, enfatiza Sen que el bienestar humano es el resultado que posibilita que las personas desarrollen sus capacidades y habilidades; por ende evaluar y valorar el bienestar individual, los acuerdos sociales y el diseño de políticas públicas, debe estar basado en las capacidades de las personas para que éstas se pueden desarrollar a fin a un esquema de vida compatible con su bienestar. Por ejemplo, las condiciones de dos personas con una misma enfermedad en una localidad urbana o rural, pueden ser muy diferentes debido a la ubicación del hospital más cercano, el nivel de especialidad que requiera para atender la enfermedad, e incluso el nivel escolar de cada una de ellas, lo que  determinará si se curan o no. La categoría de bienestar humano de las personas mayores es pertinente dadas las condiciones de vulnerabilidad en las que se encuentra este grupo de población debido a la situación de desigualdad por su edad que les excluye generalmente del ámbito laboral, social, familiar, interfiriendo con ello en tales interacciones y  vulnerando con ello sus derechos a la salud, entre otras discriminaciones

Por ejemplo, la encuesta nacional de discriminación en México, 2010 con la temática de personas mayores   revela datos importantes; a la pregunta  ¿cuál es el principal problema para la gente de su edad? La mayoría, la cual representó el 36% de personas mayores encuestadas respondieron que su principal problema es el laboral; el segundo mayor problema es la salud y discapacidad con un 15%; y el tercero, con un porcentaje de 9.9% respondieron que es la discriminación, intolerancia/maltrato. Para la pregunta ¿cuáles son los tres problemas más importantes que usted tiene? Respondieron principalmente que son los económicos (40.3%); enfermedad, acceso a los servicios de salud y medicamentos (37.7%) y laborales (25.9%).

El diagnóstico sobre la situación de vulnerabilidad de la población de 70 años y más, refiere que para el año 2012 el 30% de las personas mayores en México padecían desnutrición o estaban en riesgo de padecerla, siendo este problema más elevado para las mujeres (33.2%), que en hombres (27.1%). Además entre 2006 y 2012 la prevalencia de anemia en las zonas rurales fue en aumento, de 17.8% a 18.2%, mientras que en zonas urbanas disminuyó de 16.9% a 16.1%.

Ante ello, la novedosa Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Adultas Mayores, es de vital importancia para que México la firme y ratifique, ya que a la luz de los derechos humanos que tiene la perspectiva del bienestar individual y de la seguridad humana entendida ésta como la protección del núcleo vital de todas las vidas humanas de forma que se mejoren la libertad y la realización de las personas, conformada por  seguridad económica, alimentaria, medioambiental, sanitaria, personal, comunitaria y política .

Ello se observa en su Preámbulo que aborda el tema de la seguridad al referirse al ideal del ser humano a vivir libre del temor de la pobreza y a que se dé prioridad al tema de la etapa de envejecimiento en las políticas públicas.  Además, en el artículo 3º que enmarca los principios generales de la Convención, se desprenden aspectos relacionados con la seguridad tales como: la valorización del papel de la persona mayor en el sociedad y su contribución al desarrollo, lo cual da lugar a que las personas mayores sean vistas, tratadas y reconocidas con dignidad, lo que favorecería un mejor autoconcepto y una mayor seguridad para su pleno desenvolvimiento.  El mismo artículo refiere el bienestar  y el cuidado; la seguridad física, económica y social; la autorrealización; la solidaridad y fortalecimiento de la protección familiar y comunitaria; el buen trato y la atención preferencial; la protección judicial efectiva; la responsabilidad del Estado, de la familia y de la comunidad en la integración activa, plena y productiva de la persona mayor dentro de la sociedad, así como su cuidado y atención.

Asimismo, la Convención reitera el derecho a la igualdad y no discriminación respecto a los demás derechos humanos reconocidos en ésta. Superando enfoques asistencialistas aborda la seguridad como un resultante del entorno y la interacción con la comunidad en la que vive la persona mayor, es decir adoptar un enfoque de derechos humanos.

También, enfatiza la independencia y autonomía de las personas mayores como un derecho humano y como obligación del Estado y deber de las familias para favorecerlas y garantizarlas, por ejemplo para respetar la decisión de la persona adulta en relación al lugar donde quiere vivir. Y retoma el consentimiento informado, la “voluntad anticipada”, por asuntos relacionados con su salud y los tratamientos médicos que se ofrezcan insistiendo en la obligación de que el Estado garantice que las y los servidores públicos de instituciones médicas actúen con apego a la igualdad y no discriminación.

De conformidad con el artículo 12 de la Convención, la persona mayor tiene derecho a un sistema integral de cuidados que provea la protección y promoción de la salud, cobertura de servicios sociales, seguridad alimentaria y nutricional, agua, vestuario y vivienda. En el artículo 10 refiere la prohibición de la tortura, y de maltrato, los tratos crueles inhumanos y degradantes, no sólo los circunscritos en el ámbito judicial o penal, sino también al trato que se recibe de la comunidad y dentro de las instituciones privadas o públicas que brindan atención a las personas mayores.

Como se puede observar, la Convención procura potenciar las capacidades de las personas mayores, para vivir esta etapa de la vida como un proceso positivo, activo y con la perspectiva del bienestar humano; libre de violencia y de discriminación. Asimismo, posiciona la seguridad humana como el eje que orienta de manera integral las obligaciones de los Estados parte  para el goce y disfrute de los derechos humanos de las personas  adultas mayores, independientemente del lugar en el que habiten o transiten.

Por ello, es de vital importancia que como ciudadanos y ciudadanas, focalicemos  nuestra atención en que México sea parte de este proceso de reivindicación y reconocimiento  de los derechos de las personas mayores en nuestro país.

                         

 

                  Texto publicado en la edición impresa de junio 2016 

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