El privilegio de hacerse grande | CUEM CDMX

El privilegio de hacerse grande

Las ideas negativas sobre la edad están basadas en un negocio

Lic. Aldo Godino

Envejecer es un privilegio, un arte, un regalo. Sumar canas, arrancar hojas en el calendario y cumplir años debería ser siempre un motivo de alegría. De alegría por la vida y por cada momento presente. No podemos lamentarnos de envejecer; es poco natural luchar contra el paso del tiempo y tener miedo a sentirnos mayores.


Vivir va de la mano con el tiempo, con nuestras arrugas y con nuestros achaques. De todo esto podemos sentirnos muy orgullosos. Las arrugas nos recuerdan dónde han estado las sonrisas. Las dolencias hablan de que pusimos todas nuestras energías al servicio del vértigo. Sin embargo, tenemos miedo de que al envejecer perdamos capacidades; pensamos en la vejez como un castigo o como la concreción de la cultura del descarte.

Mucha gente es especial; positiva, luchadora, independiente. Hay quienes brillan profesionalmente y quienes atinaron a construir una hermosa familia. Hay adultos jóvenes y mayores audaces. Pero lamentablemente muchos comparten el mismo temor…envejecer. Es un miedo irracional. "Nada nos hace envejecer con más rapidez que el pensar incesantemente en que nos hacemos viejos".

La Gerascofobia (término acuñado por la psicología) no es simplemente la resignación a envejecer, que muchas personas tienen y que intentan superar mediante cirugías estéticas y tratamientos de belleza; se define como un persistente, anormal e injustificado miedo a envejecer. Es un caso extremo que conlleva mucha infelicidad pues está relacionado a mucha angustia, ansiedad y depresión.

Las personas que sufren este miedo, experimentan problemas para luchar con la pérdida de la belleza, el poder y la seducción, que puede asociarse con la vejez. Las ideas negativas que sobre esta edad se extienden son falsas, y muchas nacen a partir de negocios lucrativos como las industrias cosméticas y de tratamientos estéticos. Es verdad, no hay cirugía que nos pueda hacer felices. El hacernos "grandes", de la tercera edad o ancianos es natural y para nada una desgracia; la desgracia es dejar que la vida nos pase por encima y nos lleve a rendirnos antes de la meta.

El término envejecimiento ha estado, a lo largo de la historia, vinculado a una connotación de deterioro e incapacidad para desempeñar eficazmente los distintos roles que se asignan usualmente a etapas anteriores del ciclo vital. Por eso muchos ancianos eran aislados, abandonados o menospreciados. En cambio ahora las personas mayores se sienten cada vez más presentes, gracias a la mejora en la calidad de vida y a los rápidos avances médicos. "Las expectativas adversas que existen hoy sobre la vejez, casi siempre están basadas en la ignorancia o en premisas falsas".

Cantaba el trovador Facundo Cabral: "Nos envejece más la cobardía que el tiempo; los años sólo arrugan la piel, pero el miedo arruga el alma". No cabe duda de que el paso de los años nos aporta una experiencia y una sabiduría que no se pueden adquirir de otra forma. Hablamos de elementos positivos que merecen un reconocimiento por el gran valor que tienen y que son precisamente los que debemos valorar al cumplir años.

¿Por qué no le ponemos ganas a la vida y dejamos de disimular nuestro caminar? La vida es un cofre de suspiros, de tropiezos, de aprendizajes, de placeres y de sufrimientos. Por eso, en sí misma, es maravillosa. Y también por eso es imprescindible aprovechar cada momento, hacerlo nuestro, sentirnos afortunados. Acumular juventud es un arte que consiste en hacer que importe la vida de los años más que los años de vida. 

Es hermoso lo que escribía José Saramago:

"¿Que cuántos años tengo?

¡Que importa eso!

¡Tengo la edad que quiero y siento! La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso. Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso o lo desconocido…

Pues tengo la experiencia de los años vividos y la fuerza de la convicción de mis deseos. Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso, para hacer lo que quiero, para reconocer yerros viejos, rectificar caminos y atesorar éxitos.

Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, pero con el interés de seguir creciendo. Tengo los años en que el amor, a veces es una loca llamarada, ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada. Y otras… es un remanso de paz, como el atardecer en la playa...

¿Que cuántos años tengo? No necesito marcarlos con un número, pues mis anhelos alcanzados, mis triunfos obtenidos, las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones truncadas… ¡Valen mucho más que eso!

Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos".

Fuente: http://www.diariobae.com

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