SUPER TAXISTA EJEMPLAR | misitio-1

SUPER TAXISTA EJEMPLAR

   Por Rafael Álvarez Cordero

 

 

“Cuida tu cuerpo y tu mente y vivirás siempre sonriente” A.Li.

 

Mi querido viejo: te cuento que fui a Acapulco para tener una reunión con los colegas que han sido presidentes del Colegio Mexicano de Cirugía para la Obesidad y Enfermedades Metabólicas, que fundamos hace 25 años y que ha permitido que las cirugías para los individuos con gran obesidad sean reconocidas y se realicen con todas las reglas de la ciencia y la técnica; nos reunimos para pensar la forma de celebrar esos 25 años de trabajo.

Y resulta que regreso a la ciudad de México ya tarde en la noche y salgo del aeropuerto después de haber comprado un boleto para regresar a casa en taxi; algo pasa con muchos de nuestros compatriotas que están de mal humor todo el tiempo, el despachador de los boletos y la persona que está enviando a los pasajeros a cada automóvil lo hace automáticamente, sin ganas y me envía a un automóvil blanco, muy limpio, y en ese momento, todo cambió.

Porque se baja del auto un individuo con una sonrisa como de fiesta, amablemente me saluda, abre la puerta y recibe el pase que compré, se instala en el volante y se encamina a las avenidas que me llevarán a casita.

Me sorprenden dos cosas: su blanquísima cabellera y un hermoso bigote del mismo color, y sus manos, grandes, huesudas, firmes, que con destreza manejan el volante y me llevan por calles y avenidas con toda celeridad; entablo la conversación con él y comento que fui a trabajar a Acapulco; él responde: ¡qué bien!, ¡lo que debemos hacer todos es dar gracias por tener trabajo!.

Y me pongo a pensar, ¿cuántos años tiene este señor?, ¿hace cuántos años que está trabajando?; sigue la conversación y le pregunto: ¿qué horario de trabajo tiene usted?, trabajo de las ocho de la noche a las ocho de la mañana, me responde; ¿y puede usted dormir en el día?, sí, dijo sonriente, mi reloj biológico está perfectamente sincronizado.

Seguimos veloces por el Periférico y no aguanté las ganas de preguntarle: ¿puedo saber qué edad tiene usted?, sí, me dijo alegre: nací en 1930, tengo 86 años.

¡Ochenta y seis años!, don Eduardo García Rodríguez tiene 86 años, y trabaja como conductor de taxi de las ocho de la noche a las ocho de la mañana!  ¿cuántos de nosotros podemos tener esa energía, ese vigor, ese amor a la vida?.

Mi querido viejo: tú sabes que venturosamente hay cada vez más viejos sanos y productivos a edades avanzadas, que la vejez ya no es lo que era, que casos como el de don Eduardo los vemos y los veremos en todos lados: en la casa, en la oficina, en la calle, en trabajos incluso tan demandantes como ser conductor de un automóvil; en el comercio, sobre todo en el mercado sobre ruedas al que me gusta ir los domingos, hay muchas queridas viejecitas de 60, 70 o más años, trabajando alegres y preparando exquisitos desayunos.

¿Qué han hecho estos queridos viejos, estas viejas queridas para seguir viviendo alegres?, simplemente mostrar amor a la vida todos los días; me preguntarás qué debemos hacer para lograrlo, creo que es bastante sencillo: 1.- al levantarte sonríe ante el espejo; tal vez estás despeinado, pero esa sonrisa –o una carcajada si quieres-, será para darle la bienvenida al día. 2.- alégrate de estar vivo; ciertamente pueden tener molestias o achaques, un dolor en un pie, en la espalda, qué se yo, pero estás vivo, y esa alegría te debe durar todo el día, y     3.- piensa qué vas a hacer con estas 24 horas que la vida de concede ; éstas horas pueden ser importantes, -recuerda que para muchos de nuestros compatriotas la vida terminó súbitamente el 19 de septiembre-, aprovecha éste día como si fuera el primero de tu vida, como si fuera el último, y seguramente le sacarás mucho provecho

Eso hace don Eduardo nuestro taxista ejemplar; tiene su automóvil en perfecto estado, lo cuida y lo maneja con maestría, y a sus 86 años, vigoroso y alegre, confirma que los viejos tenemos aún mucho que enseñar a los jóvenes.

 

Médico y escritor                                raalvare2009@hotmail.com                                                                                            

facebook: Bien y de buenas – Rafael Álvarez Cordero

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El Dr. Rafael Álvarez Cordero nació en la Ciudad de México el 7 de septiembre de 1938.​ Cursó la Licenciatura en Medicina, y obtuvo el título de Médico Cirujano de la UNAM el 31 de octubre de 1961. Realizó estudios de post-grado con especialización en Cirugía general, Cirugía Digestiva e Investigación Quirúrgica en México, Estudios Unidos y Francia, de 1962 a 1967. Cursó el Doctorado en Ciencias y obtuvo el título de Doctor en Ciencias Médicas de la UNAM el 16 de julio de 1976.

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