Otra vez la serpiente cambia de piel. Siete décadas. Siete.

Rosa Nissán 

  • Facebook Social Icon
  • Twitter Social Icon

Mi vagón llega a la Estación 70 y sucede algo que no había pasado en las estaciones de las décadas anteriores. Una mujer, más parece un ser andrógino, mezcla de fuerza masculina y dulzura femenina me da la bienvenida y sus brazos abiertos me envuelven. Minutos después me pregunta qué vi en cada una de las estaciones por las que pasé y me preguntó: ¿Has vivido conscientemente o así de pasadita, de prisa, con ojos cerrados, tapabocas e impermeable?

Antes de contestar miré a mi alrededor, sí, el paisaje en las anteriores paradas era muy distinto: diferentes las montañas, el cielo, la luz, el olor, el viento, la luminosidad, la gente, el color, el firmamento nocturno.

Para responder tuve que retroceder en el tiempo, y para que no se me escapara y mantener dentro el recuerdo lo fijé con palabras, las herramientas que he aprendido día a día, a utilizar. Cumplir setenta años es un gran regalo y no todo mundo llega.

En efecto, ya no soy las que fui en las estaciones 30 – 40, 50- 60. En cada tramo traté de traducirme a lo que miraban mis ojos, lo que respiraba mi piel, lo que tocaban mis manos, el canto de los pájaros, el color de su plumaje. Su música. El sonido del viento.

         Le estoy dando la bienvenida a esta nueva década y mi deseo es celebrarlo con la gente que amo, en mi casa, en mi espacio que soy yo, en medio de mis libros, donde doy mis clases, con mis cosas, entre mis plantas, con mi gatita que se llama Paciencia, acompañada de mi hijo que vive, por ahora, en casa.

Todo ha tenido un sentido, ha valido la pena. He aprendido de mis aciertos y de mis errores. Esta es una oportunidad para agradecer a la década que está por concluir; honrar todo mi proceso. Hago un recuento con mirada de aprecio. Hice lo mejor que pude en cada momento. Hacer una evaluación, porque si no se vive con conciencia, se va la vida sin saber qué pasó.

La década que ahora termina fue difícil como el final de la década de los treinta, cuando, para salvar del extravío a mi persona, tuve que huir de una vida que daba preferencia a lo social sobre lo individual y anulaba a la mujer que hay en mí.

La década que concluye me hizo una mejor ser humana, me enseñó a perder el miedo a mostrarme vulnerable, ya entendí que si no aceptas que eres vulnerable, tienes que ser cruel. No tienes compasión, empatía con el otro. Y eso no es ser un ser humano. Soy una humanista, amo a la humanidad. Pero debo reconocer que he tratado de imponer mis creencias, mis gustos tan opuestamente distintos a los de mis hijos, hermanos y amigas del alma, y reconocerlo me obliga a cambiar mi forma de ser,  respetar los destinos de los demás no está a discusión.

En el 2004 me enfrenté a la muerte y milagrosamente no me arrebató de un tajo la vida, me regaló un encore. A partir de entonces, todo es ganancia. Sí, me tocó vivir eso. En el juego de Serpientes y Escaleras, caí en un abismo, pero hay subidas también ¿Qué tengo que agradecerle al accidente carretero? Sé que mucho me quitó, me robó mi deseo de aventura, entendí que no toda aventura es placentera. Se lastimó mi cuerpo, hay muchas cosas que no puedo hacer, es verdad, pero cuántas sí puedo. Y lo agradezco. Estar viva es un milagro, como la llegada de la primavera. Alguna enseñanza me ha dado. ¿Para qué me escogió a mí? Para que supiera que soy mortal. Para que aprendiera a ser generosa, a acompañar. ¿Podría quitarle algún capítulo a mi vida? El accidente desencadenó tantas y tantas experiencias, tantas personas que entraron a mi vida. ¿Qué más tengo que aprender?

         He hecho muchas cosas de las que me enorgullezco. La vida me ha bendecido transformándome en una mujer con una personalidad que me satisface, que me acerca a muchos seres humanos que resuenan con la que ahora soy, que no se quedan sólo en la superficie de las cosas. Que son ricos por dentro. Y eso me nutre, me enriquece también a mí.

         Uno de los grandes regalos del vivir ha sido conocer a mis cinco nietos, mi descendencia; conocer mi rostro a esta edad, lucir mis canas; ver un poco más la película de la vida de mis hijos, un privilegio;

 

He tenido tiempo de verlos pasar por algunas estaciones suyas y he tenido la oportunidad de verlos librar sus propias batallas, saber que soy capaz de impartir talleres literarios a personas, que más que alumnos son maestros. En este quehacer he conocido seres humanos tan diversos, que como Borges, dijo: “gracias quiero dar al divino por la diversidad de criaturas que forman este singular universo” y mi horizonte se ha ampliado como nunca en mi camino. Estoy aprendiendo a ser más cálida no sólo con los niños, tomo con naturalidad la mano de mi mamá. Conservo amigas que quiero y suelto amorosamente a las que ya no comparten nada conmigo en este momento y sigo tejiendo nuevas relaciones.

Cuánto disfruto que después de haber sido muda, aprendí a utilizar el idioma para decir lo que quiero, aprendí a hilvanar palabras, a ponerles a cada una un color, un olor, disfruto expresarme ante mucha gente. ¿De veras Roshinica te liberaste del vicio del silencio? si sigues siendo tímida para muchas cosas, si todavía no logras romper algunas fronteras que te separan de gente que amas ¿cómo derretir las barreras?  ¡Ya veré para qué me alcanza el tiempo! – respondo molesta a la regañona y metiche que todavía vive en mí.

Debo gratitud a muchas personas, infinidad de seres me han acompañado. Imposible en esta celebración nombrar a cada uno, les resultaría pesado; y frente al pecado de excluir…

¡Setenta años!. Dos palabras nada más y toda la riqueza que encierran. Ya llegué y no es poca cosa, desde antes de cumplir los cuarenta, estoy moldeándome, preparándome para hacer de mi recorrido un viaje placentero y rico en experiencias, como lo ordena CAFAFIS para llegar a puerto convertida en una vieja interesante, como era el poeta León Felipe a los 84.

He puesto mi cuidado en hacer lo posible, que mi hijo e hijas sean cada día mejores seres humanos y felices. Mi papi se olvidó de él mismo y aprendí la lección: cuidar de mí; a ser buena y amable también conmigo. Nunca por mis deberes y por amor a otros, olvidarme de mí. Yo también soy una planta que hay que cuidar, que poner al sol, que regar, podar, quitarle lo seco, dejarla reluciente. Esto es un trabajo diario, constante, para mantenerme viva y plena.

Espero haberte respondido le digo a la mujer que me  recibe en la estación 70. Le entrego estas páginas prometiéndole que seguiré escarbando dentro de mí; para seguir encontrando mi modo de devolver, de contribuir, porque mucho he recibido. Entre todos, no hay de otra, tenemos la tarea de hacer de este mundo, algo mejor.

Ya para terminar, quiero agradecer a cada uno su presencia, su “traje”, ya que sus deliciosos platillos hicieron que fuera posible regalarme esta celebración de vida. En lo que trajeron recibí su cariño, siento la alegría de todos festejando conmigo el acontecimiento de que llegué a los 70.

Termino diciéndome: si la vida es música, cada etapa es un movimiento distinto, como en una sinfonía. Y mientras la música no cese, quiero seguir tendiendo puentes que me acerquen a los puertos que deseo conocer, sentir; paladear cada nota musical, disfrutar cada silencio, cada sonido, por muy tenue o fuerte que sea, porque mientras la música no cese… Cantar, bailar para hacer flexible, no sólo el cuerpo, sino el alma, para ser más amorosos y no andar huyendo de nosotros. Mejor gozar cada etapa del camino, porque cada edad es un poema que no vuelve más.

G R A C I A S                G R A C I A S             G R A C I A S

Nació en la Ciudad de México, el 15 de junio de 1939.  Estudió periodismo en la Universidad Femenina de México. Ha sido coordinadora de talleres literarios en la ENEP Acatlán, de la UNAM. En 1994 recibió el Premio Ariel León Dultzin, de la Asociación de Periodistas y Escritores Israelitas en México. Colabora en diversas revistas y suplementos culturales como De Polanco para Polanco, Fem, Mira, Teleguía, Tiempo Libre, Play Boy. Parte de su obra se encuentra en diversas antologías nacionales.

CONTÁCTANOS

Guadalajara # 9 Col. Roma Norte Del. Cuauhtémoc

Ciudad de México.  

  • Black Facebook Icon
  • Black Twitter Icon