BAILE, SONRISAS Y SALUD | misitio-1

BAILE, SONRISAS Y SALUD

   Por Rafael Álvarez Cordero

 

Ríe, y el mundo reirá contigo” D. Thomas

Mi querido viejo: como se había predicho, el baile para nosotros que se celebró en el Palacio de los Deportes “Bailar es recordar”, tuvo el éxito esperado, porque cientos de parejas, casi todos de nuestra rodada, pero también muchas parejas jóvenes, pudieron disfrutar de la música, el baile y la alegría.

Y es que mover el cuerpo y jugar con él es algo innato a todos los miembros del reino animal, y tú ves bailar a un perico, a un gato, a un mono, a los caballos, e incluso los delfines y las ballenas, y con sus movimientos están expresando su libertad, su alegría, el gozo de estar vivos; y lo mismo sucede a los bebés, que gozan moviendo las piernas y las manos aún desde antes de poder caminar, y a los niños, que al ir a la escuela van bailando, y a todos nosotros, que al oír los sonidos de una música alegre, sin querer movemos los pies aunque estemos de pie y casi inmóviles en el metro o en un autobús.

Y algo que siempre se observa cuando hay sesiones de baile, sea en la casa e una reunión pequeña o en una celebración como la del martes pasado, es la sonrisa de todos los presentes; y es que no podemos mover el cuerpo y bailar y al mismo tiempo estar enojados o malencarados, bailar y sonreír van siempre juntos.

Y ahí los vimos, parejas de todas las edades, algunos muy bien “trajeados”, otros con ropa de todos los días, sonrientes y esforzándose por lograr los mejores pasos para armonizar con los pasos de su pareja; abrazados o separados, con ritmo o sin ritmo, todos gozaban de la música, incluso algunos cantaban la letra de algunas melodías, pero todos, sin excepción tenían la cara alegre, la sonrisa abierta, la alegría de vivir.

Y es que con el baile, los queridos viejos confirmamos que la “Vejez ya no es lo que era”, que ésta etapa de la vida, que otrora se consideraba el crepúsculo de la existencia en el que ya no hay casi nada que hacer sino esperar el final en silencio, es hoy una etapa de plenitud, de gozo, de reconocimiento sí, de nuestras carencias, pero de disfrute de nuestras capacidades, una de ellas, culturalmente prohibida anteriormente a nosotros, es el baile.

Y circulan por el internet videos cada vez más bien logrados de sesiones de baile de queridos viejos, unas con demostraciones evidentes de grandes bailarines octogenarios, como una dama de 83 años que baila un tango con su joven pareja y hace piruetas sorprendentes, o dos queridos viejos de más de 90 años que bailan con el ritmo que tenían allá en su juventud, o viejos que, solos, simplemente mueven el cuerpo al compás de la música y sonríen, sonríen siempre.

Y es que con la música y el baile se reúnen varias condiciones que favorecen la salud y el bienestar: en primer lugar, hay el movimiento de todo el cuerpo, brazos, piernas, cadera, y eso mejora la circulación, rejuvenece las articulaciones, recobra la elasticidad de los músculos; en segundo lugar, mejora la función cerebral, porque la plasticidad de nuestras células cerebrales mejora y es la que permite los movimientos lentos o rápidos del baile, y los queridos viejos que bailan, mientras más bailan, bailan mejor.

Y en tercer lugar, la sensación de estar cerca del cuerpo del compañero o compañera es única, puede ser un abrazo tan íntimo y sentido como queramos, y tan evocador como el mejor recuerdo de nuestros años jóvenes, tan disfrutable como el primer baile allá cuando éramos adolescentes y con timidez nos acercamos para iniciar con el baile una relación con aquella linda niña o aquel galancito que nos habían despertado emociones nuevas.

Bailemos, querido viejo, que la vida es corta, tu cuerpo y tu mente te lo agradecerán y podrás aumentar el archivo de los buenos recuerdos.

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El Dr. Rafael Álvarez Cordero nació en la Ciudad de México el 7 de septiembre de 1938.​ Cursó la Licenciatura en Medicina, y obtuvo el título de Médico Cirujano de la UNAM el 31 de octubre de 1961. Realizó estudios de post-grado con especialización en Cirugía general, Cirugía Digestiva e Investigación Quirúrgica en México, Estudios Unidos y Francia, de 1962 a 1967. Cursó el Doctorado en Ciencias y obtuvo el título de Doctor en Ciencias Médicas de la UNAM el 16 de julio de 1976.

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