Almendra Rojas | misitio-1

DISCRIMINACIÓN HACIA LAS PERSONAS ADULTAS MAYORES

Por Almendra Rojas
 
 

Cuando hablamos de personas adultas mayores, se viene a la mente aquellas personas de cabello blanco, con bastón, de cuerpo cansado y con enfermedades causadas por los años, rodeadas de niñas y niños que usualmente son sus nietos y con una maravillosa sonrisa. Esta, es la imagen que durante mucho tiempo tenemos en mente y que se perpetúa en el imaginario social.

Lo cierto es que, el envejecimiento está definido por estereotipos sistemáticos, aunados a la discriminación motivada por la edad, de forma tal la vejez, es asociada a la perdida de capacidades físicas, enfermedades, bajos o nulos ingresos económicos, pérdida de autonomía y con la muerte.

De acuerdo con la Ley de los Derechos de las personas Adultas Mayores en el Distrito Federal[1], se considera como Personas Adultas Mayores (PAM) a las personas de 60 años y más de edad, no en vano es necesario establecer esta distinción, puesto que la edad, es y ha sido una de las principales razones por las que se considere a este grupo como un sector vulnerado en sus derechos, ejemplos tales como el acceso limitado y/o nulo a servicios de salud, al trabajo, la educación, la vivienda digna y en general, la mayor parte de ellas y ellos carecen de los medios para un desarrollo integral[2].

La afectación en el ejercicio de éstos derechos conlleva a la afectación a otros derechos que van desde la toma de decisiones a nivel personal y familiar, el bajo o nulo ingreso de recursos económicos, lo que los hace dependientes de la manutención que la familia les otorgue[3], y que en el peor de los casos, viven  maltrato y abandono; tales elementos, colocan tanto a hombres como a mujeres adultas mayores en una situación de “riesgo social” , puesto que ven afectada su vida diaria tanto en lo individual, como en lo doméstico y en lo comunitario o social.

 A lo anterior, encontramos múltiples análisis, que van desde la pobreza hasta la violencia, pero en éstas, existe una conducta que se asocia directamente: la discriminación por edad.

La discriminación, parafraseando a Jesús Rodríguez Zepeda[4], es un problema social y culturalmente extendido, y que se reproduce de forma sistémica, es decir, que son conductas sociales que están normalizadas al interior de la sociedad y de las personas reproducen a modo tal que es invisible ante nosotros, ésta, consiste en menoscabar, restringir o impedir el ejercicio de uno o más derechos humanos, por un motivo no racional, es decir, ya sea por la edad, por la condición social, por el sexo, la preferencia sexual, entre otras muchas razones.[5]

Actualmente en la Ciudad de México, habitan alrededor de 1, 003,640 personas que cuentan con más de 60 años de edad, lo cual representa el 11.3% de la población total, ésta es, la entidad federativa con más personas de este grupo poblacional.[6]

Esto, nos obliga a voltear hacia este grupo de población, no sólo porque la población en la Ciudad de México, esta envejecimiento, sino porque las consecuencias de no mirarlas (hablando de personas adultas mayores) o mirarlas bajo una mala óptica las aleja de un proceso propio de la condición humana.

Dentro de las principales causas de discriminación que se ubican directamente ligadas a la condición de la edad, la Encuesta Nacional de Discriminación 2010 (ENADIS 2010)[7], señala que 27.9 % delas personas de 60 años y más han sentido alguna vez que sus derechos no han sido respetados específicamente por su edad. Asimismo, la Encuesta sobre Discriminación de la Ciudad de México (EDIS-CdMx 2013), señala que el 7 por ciento de la población encuestada considera que la edad avanzada es una de las principales causas de discriminación; mientras que 83% de la población encuestada tiene la percepción de que sí se discrimina a las personas adultas mayores, finalmente este grupo de población representa el 6° lugar dentro de los grupos más discriminados en una lista de 40 distintos grupos.[8]

Particularmente, estos datos son de importancia, ya que es en los propios hogares y en las familias en donde más se discrimina y violenta a las personas adultas mayores, a través del maltrato físico, económico y emocional., y es que, con base en la Encuesta Nacional sobre Dinámica de las Relaciones en los Hogares 2011, 17.8 % de las mujeres con 60 años y más habían sufrido al menos un tipo de violencia en los últimos doce meses por parte de su pareja actual.

Adicionalmente las personas adultas mayores, son discriminados en la toma de decisiones, lo que implica vulnerar su capacidad de decisión y por ende su autonomía, motivo que conlleva a la perdida de la intimidad, a la reducción del espacio dentro de las decisiones de la familia, a la independencia, a la elección del tipo de cuidado, de su autonomía y que culmina en una de las violencias más graves que van a los despojos tanto de sus pertenencias así como de sus viviendas, hasta el abandono en asilos o incluso en las calles de las personas.

Es necesario entender que la vejez, por sí, implica la última etapa de vida de una persona, pero no por ello significa la perdida de la dignidad humana ni la reducción en la calidad de vida.

Como personas debemos entender el envejecimiento como “un proceso de cambios a través del tiempo, natural, gradual, continuó, irreversible, y completo. Estos cambios se dan a nivel biológico, psicológico, y social, y están determinados por la historia, la cultura y la situación económica, de los grupos y las personas”[9].

Es decir, envejecer es un proceso que no se puede evitar, pues es natural, todas las personas estamos sujetas a ello, no sólo es un proceso físico, es tanto interno como externo, influido además por el contexto al que estamos asociados. Con ello, es necesario denotar un proceso socio-cultural muy arraigado sobre la aceptación del envejecimiento.

Es primordial transformar la forma en la que vemos a las personas adultas mayores, puesto que existe una imagen negativa del envejecimiento, que involucra la perdida de la utilidad de las personas que tienen 60 años y más, estas imágenes dañan no sólo a este grupo de forma directa, sino que repercute en un daño generacional, es decir, desde la infancia y la juventud e incluso en la adultez, se corta la perspectiva a futuro, ya que en las dos primeras no se piensa, ni se educa que un día se llegará a viejo, mientras que en la adultez las preocupaciones van encaminadas a la construcción del presente más no al largo plazo, en las necesidades que una persona tendrá al llegar a esta etapa. Por ello es necesario reconstruir y reeducarnos bajo una visión positiva del envejecimiento a partir de las múltiples contribuciones que las personas adultas mayores brindan tanto a la familia, a la comunidad y a la sociedad.

Lo anterior conlleva a visibilizar la presencia cada vez mayor de los adultos mayores y el respectivo envejecimiento de la población, pero también implica re direccionar las políticas y programas de cuidado a las necesidades específicas de este grupo de población bajo los principios de autonomía, independencia, participación, auto cumplimiento y en especial de dignidad[10] y en un esquema de corresponsabilidad social, en donde no sea sólo el Estado y sus instituciones las encargadas del cuidado de las personas adultas mayores, si no, la participación primordial de la familia como un proceso social y cultural y con ello contribuir al empoderamiento y cumplimiento de las personas adultas mayores.

 

 

 

[1] Ley de los Derechos de las Personas Adultas Mayores del Distrito Federal, publicada en Gaceta Oficial de Distrito Federal el 7 de mayo de 2000.

[2] Personas Adultas Mayores. Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México. Consultado el 17-12-2014. [http://copred.df.gob.mx/index.jsp]

[3] Ibidem

[4] Rodríguez Zepeda, Jesús. Una idea teórica de la No Discriminación. Instituto de Investigaciones Jurídicas p. 43, disponible en [http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/5/2312/7.pdf]

[5] Artículo 5°, Ley para Prevenir y Eliminar la Discriminación del Distrito Federal, publicada en Gaceta Oficial de Distrito Federal 24 de febrero de 2011

Última reforma: 8 de septiembre de 2014.

[6] Censo Poblacional 2010. Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI)

[7] Resultados sobre Personas Adultas Mayores, Encuesta Nacional sobre Discriminación 2010 (ENADIS 2010) Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED)/ Instituto Nacional de atención a las personas Adultas Mayores (INAPAM) Disponible en: http://www.conapred.org.mx/userfiles/files/Enadis-2010-PAM-Accss.pdf

[8] Personas Adultas Mayores, Encuesta Sobre Discriminación en la Ciudad de México (EDIS-CdMx 2013) disponible en: [http://www.copred.df.gob.mx/work/sites/copred/resources/LocalContent/625/21/EDIS_Personas_Adultas_Mayores.pdf]

[9] Instituto de Atención del Adulto Mayor del Distrito Federal. Consultado en www.adultomayor.df.gob.mx

[10] Sidorenko, Alexandre, “Conferencia: Toma de Conciencia, empoderamiento e igualdad” Segundo Foro Internacional sobre los Derechos Humanos de las Personas Adultas Mayores. 5 de junio de 2014.

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