Adiós  al mito

No hay un cerebro femenino y otro masculino. Las teorías de diferenciación cerebral tuvieron su apogeo a mediados del siglo pasado. Se centraron en la sexualidad y en tratar de descifrar si existían componentes cerebrales asociados a las orientaciones sexuales. Diversos estudios muestran que ninguna región del cerebro revela una clara distinción entre el del hombre y el de la mujer.

Que el hombre no puede hacer más de una cosa a la vez, mientras que la mujer puede tener la cabeza en varias tareas al mismo tiempo. Que ellos son más objetivos, concretos y analíticos, y ellas más sensibles, pasionales e intuitivas. Durante mucho tiempo, diversas publicaciones alimentaron el mito de que existían dos cerebros: uno femenino y otro masculino. “Por supuesto que todos esos trabajos, al igual que los estudios que trataron de encontrar diferencias cerebrales a través de distintas etnias fueron orientados desde un profundo desconocimiento del cerebro y desde un hondo prejuicio”, asegura Tomás Ossandón, Doctor en Neurociencias Cognitivas e investigador del Departamento de Psiquiatría de la Facultad de Medicina UC.

Según el experto, un gran número de estudios recientes muestran que no existen diferencias entre el cerebro del hombre y el de la mujer. “De hecho, un trabajo dirigido por la investigadora Daphna Joel, académica de la Facultad de Ciencias Psicológicas de la Universidad de Tel Aviv, Israel, comprueba que ninguna región del cerebro revela una clara distinción entre uno masculino y uno femenino. Lo que existe es un hermafroditismo cerebral”.

 

¿Qué significa esto? Que los cerebros humanos están compuestos de “mosaicos” que contienen rasgos característicos comunes a ambos sexos, que en algunos casos son más frecuentes en las mujeres en comparación con los hombres, y viceversa. “Por ende, los cerebros totalmente masculinos o femeninos no existen”, afirma.

El cerebro no tiene sexo 

 

El doctor Ossandón explica que hay muchos tipos de cerebros. “El estudio se hizo con 1400 sujetos mediante imágenes de resonancia magnética funcional y estructural. Todas las ideas relacionadas con diferencias entre materia gris o blanca, de regiones más representadas o de diferencias de conectividad se derrumbaron”. Es así como, asegura, no existen dos tipos de cerebro.

 

Simplemente forman parte de un mito. Sin embargo, hay importantes discrepancias culturales, muchas de las cuales responden a estereotipos que generan grandes divergencias en los contextos de desarrollo de niños y niñas. Esto sí puede modular la actividad de alguna región o de alguna red neuronal, desde períodos muy tempranos, que van desde la relación entre padres e hijos, exigencias, hasta expectativas específicas y contextos educacionales”.

Estas diferencias de idiosincrasia generan cambios a nivel cerebral que pueden expresarse, por ejemplo, en distintas respuestas a tareas específicas. “Volviendo al estudio, este se realizó en países con igualdad de género y expectativas entre hombres y mujeres. Probablemente, si se efectuara en naciones con grandes diferencias de oportunidades y prejuicios, o muy pobres, veríamos cómo eso influye en el desarrollo del cerebro, pero no tiene nada que ver con el género. De esta forma, las divergencias entre especialización y multitarea, para hombres y mujeres, respectivamente, podría estar explicada por el contexto o por roles históricos. Lo interesante es que esto podría cambiar si el contexto cultural variara”. 


Colaboración: Dr. Tomás Ossandón, Neurociencias Cognitivas, Departamento de Psiquiatría, Facultad de Medicina UC.

 

Fuente:

 

http://redsalud.uc.cl/ucchristus/MS/RevistaSaludUC/MenteSana/adios-al-mito.act

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